sábado, febrero 11, 2006

...y a seguir reconcentrados

En el Cervantes nos quedamos varios días terribles porque el colegio no estaba diseñado para albergar tanta gente por tanto tiempo y menos si la gente era tan desorganizada como éramos nosotros. Los inodoros estaban sucios y atascados y nadie los limpiaba ni desatascaba, el par de duchas que habían eran insuficientes para tanta gente, las llaves de agua se habían descompuesto y el agua corría por todos lados formando charcos pestilentes. Los reservistas se orinaban donde les daba la gana, el ambiente era pesado, caluroso y hediondo y de seguir las cosas por el rumbo que iban pronto se desataría una epidemia. Cuando nos reconcentraron se nos dijo que partiríamos al día siguiente o el siguiente a éste a más tardar, pero la planificación, la organización y la logística no eran el fuerte de la jefatura del batallón y no había camiones en que irnos, no había uniformes, no había armas, y al paso que íbamos pronto no habría reservistas pues la comida era escasa y las condiciones pésimas y cada vez que podíamos nos saltábamos la cerca e íbamos a nuestras casas a buscar qué comer y qué hacer. Algunos no regresaban y la jefatura había organizado patrullas que iban a buscar a los desertores y a traerlos bajo promesas o amenazas. A medida que pasaban las horas y los días era más difícil traer a los que se iban pues ya no creían en promesas ni les asustaban las amenazas. Si algo quedó en claro en estos días a los más y a los menos observadores fue la total ineptitud, la estupidez y la prepotencia de la jefatura. De entre todos los jóvenes que habían puesto al frente del batallón no se veía ninguno con dos dedos de frente y parecían todos haber sido escogidos por su torpeza. En lugar de ser días de acercamiento del mando con los soldados, gracias a su comportamiento la jefatura perdió desde ese momento la simpatía de la tropa. En el resto de la campaña las cosas no cambiarían mucho y los jefes seguirían siendo jefes pero no líderes, tendrían autoridad formal pero no adquirirían nunca autoridad moral, tendrían obediencia pero no respeto. En momentos de crisis recurrirían siempre a la fuerza y a la amenaza para mantener la cohesión del grupo, incapaces de ganar los corazones de un grupo de jóvenes muy dispuestos a dejarse conducir. Al final de cuentas el asunto era muy simple: esos que estaban al frente del batallón, compañías, pelotones y escuadras habían sido puestos ahí “al dedo”, bien porque eran miembros de la juventud sandinista o porque gozaban de la simpatía del jefe superior. No eran líderes ni tenían ni la aptitud ni la actitud para serlo y sólo un número muy reducido de ellos se convertiría a lo largo de la campaña en líderes del grupo bajo su mando. En el grupo de los reservistas había muchachos que a lo largo de la campaña se dejarían ver como líderes naturales pero su liderazgo sería casi siempre combatido por los jefecitos, temerosos de perder el control de los grupos. En lugar de tratar de reclutar para la J.S.. a estos muchachos más hábiles, inteligentes y apreciados por la tropa que ellos mismos, los jefecitos y los jefes de más arriba les cerraban el paso y les hacían la vida difícil, haciéndoles trabajar mas duro, enviándolos lejos y alejándolos del grupo. A una escala menor, en el batallón se reproducía lo que en el país estaba pasando y el batallón fue desde el principio y siguió siéndolo luego, una pequeña república bananera con dictadura, ejercito, aparato de inteligencia, represión y terror.

Si el batallón no se desintegró en esos primeros días no fue gracias a los miembros de la J.S. ni a la jefatura, sino gracias a que había un buen número de jóvenes que quería o debía irse y no estaban dispuestos a dejar que la aventura terminara antes de empezar. Así, los que más adelante se mostrarían como indisciplinados, librepensadores e indomables, fueron en los primeros días el cemento que mantuvo el grupo cohesionado. Gracias a este grupo hubo finalmente algunos días después movilización.


[En las próximas entregas voy a saltarme algunos capítulos, más adelante me ajustaré denuevo al orden cronológico]

En el próximo capítulo: Ojos de vaca loca

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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