viernes, marzo 03, 2006

¡A proletarizar el campo!

Mis observaciones de aquellos tiempos eran ingenuas, sin método y sin teoría, simples, vulgares. Al amigo el Dr. López le escuché una vez la frase “uno sólo ve aquello que conoce” y tenía mucha razón. El Dr. López me dijo esta frase una vez que veíamos en un monitor unas imágenes de ultrasonido que yo no podía interpretar porque me faltaba el conocimiento para poder entender lo que ellas mostraban. En esa movilización del 3072 yo iba pasando sobre las cosas y aunque estaban frente a mis ojos no podía verlas, o peor aún, interpretaba otras cosas que aquellas que las imágenes me dejaban ver. Mi ignorancia y el hecho de estar siendo parte en los hechos sociales de aquellos tiempones me impedía ver lo que en realidad ocurría. Algunos años más tarde habría yo de regresar al campo, dotado de conocimientos más o menos sólidos de las ciencias sociales y de un método de análisis de la realidad y sólo entonces pude ir empezando a entender las cosas que estaban ocurriendo. Ahora voy a barajarla mas despacio.

En el campo nos detestaban, aunque se nos sonriera amablemente, aunque hablaran con nosotros y aunque se nos diera de comer. Probablemente aquellos jóvenes soldados citadinos no les caíamos mal como personas a esa gente humilde con la que a diario tratábamos, pero éramos el brazo armado del enemigo del campesinado y eso no podían tragárselo esas familias que ya para entonces estaban sufriendo en sus vidas los terribles efectos de las desquiciadas políticas de los nueve hombrecitos auto-nombrados comandantes. El rechazo de los campesinos no era pues producto únicamente del torpe comportamiento que aquellos jóvenes teníamos, había más cosas en juego que nosotros no éramos capaces de percibir.

Los sandinistas no entendieron el campesinado, ni el campo ni lo que allá sucedía. No lo entendieron entonces ni lo entendieron después. Los comandantes no eran ni muy inteligentes ni muy instruidos, varios de ellos leían cancaneado y otros se quedaban dormidos leyendo los primeros párrafos de un libro. Analizaban la realidad desde manuales soviéticos que masticaban para ellos los pesados libros de los padres del comunismo. Leían manuales y los seguían al pie de la letra y cuando los manuales se volvían muy complicados estaban siempre a la mano los asesores cubanos y soviéticos para mostrarles el camino. Como los malos alumnos que copian los exámenes de sus compañeros más inteligentes y estudiosos, los comandantes se dieron a la tarea de copiar al pie de la letra la revolución cubana, hasta en el hecho de tener a una pareja de hermanos al frente del gobierno y del ejército.

Los comandantes sandinistas tenían como objetivo proletarizar el campo y a eso se dedicaron en los primeros años de la revolución. Proletarizar el campo significa en lenguaje llano despojar a los campesinos de sus tierras y sus medios de producción y convertirlos en obreros de grandes empresas agrícolas de propiedad del estado. A los ojos de los sandinistas, el campesinado era una clase retrógrada no revolucionaria que debía desaparecer para dar paso al obrero, la única clase revolucionaria constructora del socialismo.

Con el sandinismo el mundo rural se vino abajo y el caos de los tiempos primigenios.se paseó por los campos desolados. Las cadenas de comercialización fueron destruidas pues los sandinistas aterrorizaron a los intermediarios —que compraban cosechas y animales y abastecían de productos vitales para la producción y la reproducción— y los echaron fuera por considerarlos viles explotadores de la fuerza de trabajo de los pobres del campo. En su lugar impusieron el monopolio del Ministerio de Comercio Interior que llevó sus políticas a extremos ridículos como quitarle a la gente en los buses mínimas cantidades de granos aduciendo que la gente intentaba comercializarlo por fuera, de manera ilegal. Los productos del campo fueron subsidiados para favorecer a las familias urbanas y en la otra cara del subsidio el campesino recibía precios irrisorios por el producto de su arduo trabajo. Los sandinistas habían llegado al poder por medio de una guerra urbana luego de décadas de intentar infructuosamente levantar al campesinado, sordo ante los cantos de sirena de esos jóvenes de la ciudad llenos de ideas traídas de los pelos. Ahora, una vez vencedores los comandantes le pasaban la cuenta al campesinado.

El terror se apoderó del mundo rural e hizo muy difícil la vida de la gente. Expropiaciones, asesinatos a mansalva de sospechosos de colaboración, apresamientos, torturas, eran asuntos de todos los días. Las tropas de la contrarrevolución fueron en sus inicios igualmente torpes y malvadas e igualmente aterrorizantes, luego fueron entendiendo mejor las cosas y ganando para sí a los campesinos que huían del sandinismo.

No recuerdo bien si fue ya desde el 82 o si fue en 84 que el sandinismo, sabiendo que había perdido al campesinado y que la contra lo estaba ganando para sí inició una política de tierra arrasada en la que enormes áreas en el Norte, Noreste, centro, Sur y Sureste del país fueron vaciadas de población. Los campesinos fueron sacados a punta de fusil de sus fincas, las cosechas fueron destruídas, los árboles echados abajo, las casas y otras edificaciones incendiadas o destruidas, los animales exterminados y los pozos envenenados. Cada vereda y cada quebrada fue minada. Se trataba de hacer imposible la vida en esas zonas para los combatientes del otro bando. Lo mismo se hizo con los indígenas del Caribe, muchos de los cuales fueron masacrados al oponerse a obedecer a esas tropas de ocupación que venían a sacarles de tierras que habían ocupado por siglos y de las que ni aún por los españoles habían sido arrojados. Campesinos de montaña adentro e indígenas fueron llevados por la fuerza a nuevas áreas. Años después, recorriendo como estudioso muchas de estas áreas y hablando con sobrevivientes de aquellos días lograría al fin entender esta espantosa realidad: la gente había sido llevada a campos de concentración, pues esto eran en realidad y sin eufemismos estos lugares en los que se forzaba a la gente a permanecer en condiciones infrahumanas.

El régimen sandinista duraría nada más que diez años. Al final la fuerza del campesinado sería un factor determinante en su caída pues si bien al principio la contra estuvo compuesta sobre todo por miembros de la extinta G.N. al final del período sandinista las tropas y los mandos de la contra serían ya mayoritariamente de extracción campesina. El alzamiento campesino soñado en las décadas de los sesenta y sesenta por los guerrilleros sandinistas de la facción Guerra Popular Prolongada (GPP) había ocurrido al fin, pero no contra Somoza sino contra un enemigo mucho peor: el sandinismo

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