viernes, agosto 04, 2006

Nada de qué arrepentirse

Más de veinte años después de estas aventuras que aquí les narro, me sorprendo aún de haber salido vivo de ellas, sin heridas graves ni físicas ni espirituales, sin sangre en las manos y sin haber hecho algo de lo que pudiera arrepentirme o avergonzarme y sin haber pecado tampoco por omisión. Hay mucha gente, hombres y mujeres, que se apenan y se arrepienten ahora de haberse dejado llevar, de haber tomado parte en estos eventos que capturaron la mente y el corazón de los jóvenes de los años ochenta. A mí no me da pena pues yo participé en una y mil acciones de la revolución de buena fe. Yo, al igual que muchos jóvenes de entonces, quería cambiar el mundo, queríamos que no hubiera pobreza, que los campesinos no se murieran de hambre, que los niños no se murieran chiquitos, queríamos un país pijudo, lleno de gente feliz y por eso nos incorporamos en muchas tareas que según nosotros iban en esa dirección. Hice lo que pude, como miles de hombres y mujeres jóvenes de aquel entonces. Si las cosas no salieron como esperábamos es una lástima, pero no es nuestra culpa y no tenemos que avergonzarnos de ello. Los que tendrían ahora que avergonzarse serían otros, aquellos que anduvieron metidos en muchas cosas buscando siempre su beneficio personal. Tendrían que avergonzarse aquellos que una vez que el FSLN perdió las elecciones se prepearon y se robaron miles de millones de dólares que eran de todo el pueblo. Los arribistas y los piñateros, esos tendrían que avergonzarse, yo no, yo voy por la vida con la frente en alto, palmado pero orgulloso de mis acciones, tanto que ahora escribo estas cosas para que mis pequeñas hijas puedan en el futuro saber qué andaba haciendo su padre en aquellos tiempones, cuando era joven.

Hacer la revolución era lo correcto en aquellos tiempos y a eso me dediqué, yo puse mi grano de arena, sin interés personal, divirtiéndome, jodiendo, irreverente, pero con güevo, con dedicación, con sinceras ganas de arreglar el mundo. Si otros estaban dedicados a otras cosas mientras decían estar en lo mismo, allá ellos, ya les llegará alguna vez su sábado, espero.

[Escrito en respuesta al correo basura (hate-mail) que a veces recibo. Si no les gusta ni modo, pero creo que debía escribirlo.]