sábado, septiembre 23, 2006

De vacaciones

Estimados lectores, estimadas lectoras: si no me habían visto por acá es porque me fui de vacaciones a la playa por un montón de días. Me la pasé tirado al sol, bronceándome, embelleciéndome. Creo que de tanto sol que recibí se me secó el cerebro porque por más que lo exprimo no logro hacerlo parir nada nuevo para el blog. Para mientras regresan mis neuronas a su normalidad voy a compartir con ustedes el siguiente post ["El significado de la palabra rebeso"] que he publicado antes en otra parte y que trata de otros tiempos, mucho más atras de la época que ahora voy narrando. A aquellos que lo han leído ya, les ruego disculparme pero como les digo: no me sale nada y no quiero despachar al estimable público con las manos vacías. Espero que les guste y lo recomienden a sus amistades.

[A quienes me han escrito tratando de descubrir mi verdadera identidad y a quienes no me han escrito, les cuento que no, no me llamo Pedro, ni Pedro J. Sándigo ni nada por el estilo, estos son seudónimos inofensivos . Me llamo de otro modo que no les voy a contar ahora porque no es interesante y mi nombre real no les dirá nada de todas maneras]

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Hugo,

Creo que siempre te lo he dicho, tenés "madera"para escribir, solo es cuestión de que no lo tomés como un hobby o a como decís, una "triste pajita para recompensar el lado duro de la vida"; asi que irle dando forma de proyecto, un "bundel"de tus cuentos, experiencias.
.... y ahora cada cuanto te pajeas?

Anónimo dijo...

Estimado don Pedro.
Mi nombre es Filadelfo Alemán. Soy corresponsal de The Associated Press en Nicaragua. Descubrí el jueves sus escritos. Me gustan y lo felicito, porque además de decir cosas que hasta la fecha muy pocos han dicho, creo que están bien escritas. Me interesaría mucho saber de Navidad Roja. Yo nunca me fuí del país y conozco como Ud., mucho de lo que pasó, por vivencia propia o por relatos de algunas personas y anónimos.Por ejemplo, un fotógrafo nicaragüense que trabajó con nosotros me contó como las katiuskas devastaban un cerro con todo y gigantescos árboles.
De paso le digo -no se si Ud.ya lo sabe- que trabajé 12 años en La Prensa, hasta 1981, y que desde 1980 trabajó para AP.
Lo felicito de nuevo y espero sus nuevos relatos. Están muy buenos, como para un libro.
F.Alemán.

Pedro el malo dijo...

Estimado Filadelfo:


Le agradezco su paso por mi rinconcito de la catarsis y le agradezco su amable comentario, que por venir de donde viene me hace sacar pecho. ¿Quién no conoce a Filadelfo Alemán? He sido lector suyo desde sus primeros escritos y no le he perdido el rastro en su carrera periodística. Ojalá tuviera Nicaragua más periodistas como usted.

Tengo aún pendiente escribir sobre ese sangriento episodio que ha venido a ser conocido como "Navidad Roja". Creo que antes que termine este año lo habré escrito. Hay un par de razones personales por las que aún no lo escribo y me hace falta también conversar con una persona que podría darme valiosa información.

¿Recuerda usted aquel episodio en Cien años de Soledad en el que se produce una masacre enorme -de obreros bananeros creo- de la que nadie parece darse cuenta y de la que todo el mundo niega su ocurrencia? La navidad roja empieza a parecerse a este epidodio y un día de estos aparecerá una declaración de alguien que dirá que nunca ocurrió. Hace unos pocos meses apareció en el diario La Prensa un artículo en dos entregas sobre este asunto. Lo escribió uno de los periodistas más conocidos de ese diario, que viajó especialmente a Puerto Cabezas (Bilwi) para investigar este asunto. Lo leí diez o doce veces seguidas, línea a línea, palabra a palabra tratando de entender qué había pasado porque la tal navidad roja aparecía en color gris, borrosa, inexistente casi, empequeñecida. El periodista pasó sobre las cosas sin verlas, habló con la gente y no fue capaz de percibir lo que había ocurrido. O quizás su guía, si lo tuvo, lo paseó por rumbos por donde no era posible captar nada. Quién sabe qué pasó, pero el periodista no se enteró de nada. A estas alturas, los enormes cráteres dejados por las katiuskas se habrán vuelto invisibles, los restos de los muertos se habrán convertido en lodo y los recuerdos de las gentes se habrán vuelto borrosos o habrán sido borrados del todo por la necesidad de seguir viviendo.

Espero que seguirá usted pasando por este mi blog. Un saludo

PEM