lunes, octubre 30, 2006

Intermezzo melancólico

El tiempo pasa...

Mi buen amigo Antonio que vive en Costa Rica me regaló hace algunos años un cd de Pablo Milanés y Víctor Manuel. Hasta ahora sólo lo había oído unas cuantas veces, pero hace unos días convertí las canciones al formato mp3 y las puse en uno de esos aparatitos que reproducen ese formato. Hoy, mientras paseaba el perro me puse a escuchar esas canciones que junto a otras muchas de otros muchos autores sirvieron de telón de fondo a la revolución en aquellos tiempones y tengo que confesar a ustedes que me agarró melancolía y se me salieron un par de lágrimas. Por suerte para mi máscara de duro, en ese momento llovía y nadie puso darse cuenta que eso que se veía deslizándose por mi rostro no eran gotas de lluvia, sino lágrimas que salían desde el fondo de mi corazón suavizado por esas notas que tan buenos y dulces recuerdos traen a mi memoria. Escuchar una tras de otra esas quince o dieciséis canciones fueron un ejercicio de pura catarsis. Voy a explicarle o intentar explicarle como es esto.

Si bien la revolución sandinista fue para mucha gente una desgracia, si mucha gente la pasó muy mal, si hubo miles de muertos y las vidas de muchas gentes fueron destruidas o cambiadas profundamente, hubo otras muchas personas para quienes estos años fueron los mejores de sus vidas y los únicos años de sus pequeñas existencias en que tuvieron verdaderas ganas de vivir. No estoy siendo cínico, no estoy refiriéndome aquí a los vividores, a los que medraron a la sombra del poder, ni a los piñateros ni a los arribistas ni nada por el estilo. Estoy hablando de gente como usted y como yo, gente honesta y bien intencionada que en aquellos primeros tiempos apoyaron la revolución y deseaban un cambio en Nicaragua en favor de los humildes, un cambio, que usted estará de acuerdo conmigo, era muy justo y muy necesario.Para mí personalmente, estos fueron años muy hermosos pero fueron también por muchas razones años muy difíciles y aunque tuve siempre la puerta abierta para salir, no lo hice, no me fui como bien podría fácilmente haber hecho. Mi vida siempre ha sido mía y siempre la he vivido como se me ha dado la gana y aquellos años de revolución no fueron la excepción. Yo quería revolución y si mordí el leño fue por mi gusto, si me fui al monte a realizar las más humildes labores de la revolución fue por decisión propia. Si fui soldado y me dejé dar órdenes de jefes a quienes sólo les faltaba un grado para ser retardados fue por mi gusto, porque yo pensaba que eso era necesario para el bien común, para hacer la revolución y ¿sabe usted? Yo no estaba solo en esto, no era el único en esas condiciones, yo no era excepcional. Ahora mismo, alrededor suyo andan por ahí cuarentones o cincuentones que entonces eran muchachos y muchachas que no pensaban en su propia vida, que no tenían sueños para sí sino para el pueblo, para los pobres y estaban dispuestos a todo para convertir sus sueños en realidad.

Mire usted —y si es usted danielista agárrese—, la única diferencia entre el que esto escribe y muchos de los así llamados “héroes y mártires” de los sandinistas es que aquellos se murieron y yo estoy vivo, escribiendo este post y este blog y tratando de explicarle a nombre de ellos por qué creo yo que lo peor que puede pasarle a Nicaragua es que Daniel Ortega gane las elecciones.

Así es, se lo repito, la diferencia fundamental entre un montón de esos muchachos que murieron por la revolución y yo es que ellos, lamentablemente para ellos, se murieron y yo sobreviví. Yo conocí a muchos de ellos y eran muchachos y muchachas comunes y corrientes, con los mismos sueños que todos teníamos entonces. Básicamente eran como usted y como yo éramos a esa edad. Si no me lo cree pregúntele a la madre de alguno de esos muchachos.

Que haya yo sobrevivido y no ellos es sólo una cuestión de suerte, ellos sacaron el número premiado, yo no. Probablemente eran ellos más puros que yo, mas buena gente que yo, pero yo, como ellos andaba dispuesto a dar la vida por aquellas ideas que entonces teníamos.

Por eso, esta noche cuando escuchaba esas canciones de Pablo Milanés que entonces cantábamos y coreábamos como cantábamos a Silvio Rodriguez y Mercedes Sosa, recordé aquellos tiempos, recordé gente que se murió y otros que aún andan por ahí y me dio mucha tristeza pensar en tanta energía que la juventud puso, tantos buenos sentimientos, tantas ganas de cambiar las cosas, tanta vida entregada en sacrificio a una causa que era entonces justa.

Aquellas canciones nos acompañaban siempre, nos animaban a seguir, nos emocionaban, nos hacían pensar en nuestros amores, nos hacían soñar despiertos un mundo mejor y saber que estábamos trabajando para conseguir ese mejor mundo era nuestra gran satisfacción. Las cantábamos cuando íbamos a las plazas a las manifestaciones, cuando nos movilizábamos en la reserva, cuando íbamos a cortar café. Eran canciones que nos lavaban el cerebro pensará usted y a lo mejor tiene usted razón, pero como sea, eran nuestras canciones y sacaban nuestras emociones y daban cohesión al grupo. Cantabas y estabas con tu gente y eras feliz.Nosotros, esos jóvenes que hacíamos la revolución allá abajo, en la llanura, éramos la cara pura y buena de la revolución, éramos el sentimiento y la pasión, éramos realmente la revolución. En esto no tenía nada que ver Daniel Ortega, éste y los otros ocho enanitos eran demasiado pequeños y mezquinos para hacer la revolución que ellos mismos proponían. La juventud y la gran mayoría del pueblo estuvo a la altura de las exigencias, ellos no y mientras los jóvenes se entregaban en sacrificio empujados por las ideas revolucionarias, ellos sólo podían hacer las pequeñas cosas que hacen los mezquinos como violar a sus hijastras, abusar de sus secretarias y sus empleadas domésticas y gastarse la plata del pueblo en lujos que antes nunca pudieron darse. Con sus acciones, estos nueve enanitos se pasearon en la revolución. Por eso, aquellos jóvenes revolucionarios de entonces no votarán hoy por Daniel y los que se murieron, si estuvieran vivos, no votarían tampoco por Daniel.

Los "heroes y mártires" de la revolución se estremecerían seguramente en sus tumbas de disgusto si Daniel Ortega regresara al sillín presidencial.

¿Y ahora para qué querés mi voto Daniel Ortega? Ya tuviste tu chance, ya mostraste tu rostro, ya vimos que este puesto te queda demasiado grande, ahora, ¿qué más querés? ¿Más muertos? ¿Más vidas jóvenes? ¿Para qué?


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Pedro, en una semana sabremos que pasara con este paisito. Que verguenza ser tan pobres, incluyendo la pobreza de esperanza.
Un abrazo
pinedita

Anónimo dijo...

Pedro,
Me siento totalmente identificado con este post... tengo 44 y le di mi juventud al esfuerzo de hacer la revolución y a la vuelta de estos años... que decepción de los dirigentes del frente...

Amy dijo...

¿Que vergüenza ser tan pobres? NO estoy de acuerdo... En medio de la pobreza somos felices cosechando dias para llegar... en un otro dia... a ser aùn más felices. Los ricos lo tienen todo, y de nada se preocupan... nosotros los pobres, ahorramos dinero para poder disfrutar un dia lo ahorrado... el rico... qué ahorra? Pero eso si... la verdadera pobreza es la de no poseer un céntimo de esperanzas... cuando ella no existe... ahi si... ¡qUE VERGÜENZA!...
Pedro.. vivo de cerca tu problemática, porque bien cerca a mi vida, y mas aún, a mi corazón, tengo un compatriota tuyo, con iguales ansias de un cambio para tu hermoso país... que merece que la mano de Dios lo alumbre y le de el brillo que un día le arrebataron.

Tu post es agua viva que en la música se genera. ¿Que eres duro? no lo creo tampoco... A quien la musica le arranca lluvia de los ojos, es capaz de dar al mlundo un sin fin de amor... y eso me atrevo a decir, Eres tú. Alma de poeta... hijo de un pais donde nació el glorioso Ruben Dario.

Que Dios te bendiga... Vine a ti, por expresa recomendación de misionero... el hombre de quien te hablo

SUAVE CARICIA dijo...

que bueno el comentario al leerlo , me hiciste recordar, tu con las canciones, y yo al leerlo todos esos momentos que vivi escuchando a silvio a pablo, trecorde a quilapayun, y stgo de nuevo estremo , cuando debiamos se debia ir en forma clandestina pra escucharlos, o cuando alguna fabrica estaba enh huelga y la entrada eran alimentos no perecibles para la olla comun, es increible cuantos recuerdos estan ahi guardados en tu corazon , para ser revividos, cuando escuchas una cancion o lees algo parecido
dejo una suave caricia
y
una estela de besos para ti

Anónimo dijo...

Pedro,

Muy interesante tus comentarios. El único "problemita" está en que usas el "yo" demasiadas veces. (pareciera que esto estuviera escrito por Humberto Ortega).

El escrito se lee mejor cuando su autor mantiene un perfíl bajo, sin por ello, perder la prominencia.
Siempre buena suerte.

Oaleman64 dijo...

Pedro
No podes achacarte, lo que pensarian nuestro caidos, si hoy en dia votarian o no por el compañero daniel. Cuando uno se movilizaba a la montaña, no pensaba que iba a morir, pero si llegaBa ese momento habia que enfrentarlo con dignidad y si yo hubiera muerto, pienso ahora, me sentiria orgulloso de haber caido. Y que mi muerte hubiera abonado a lo que tenemos hoy en nuestro pais. Leonel rugama escribio, pensando en julio buitrago y nuestros caidos lo siguiente "NUNCA CONTESTO NADIE PORQUE LOS HEROES NO DIJIERON QUE MORIAN POR LA PATRIA, SINO QUE MURIERON"