miércoles, febrero 21, 2007

Ser sin rumbo cierto [parte 7 y ahora sí, final]

A la mañana siguiente, cuando aún estaba oscuro, alguien vino a sacudirme ligeramente para despertarme. En la oscuridad reconocí la figura del jefe de mi pelotón.

—Levantate —me dijo en un susurro— y no hagás ruido, alistate para salir, con todo tu equipo. Te espero allá abajo en cinco minutos.

Jamás he podido estar listo en cinco minutos y esta vez no fue la excepción, aunque me moví a toda la velocidad que me es posible moverme. Quitarme una de las dos mudadas, ponerme las botas sin calcetines, atar éstas, apretarme el cinturón, ponerme la pechera con los magazines, ponerme la gorra, echarme a la espalda la mochila y luego el AK-47 y colgarme al hombro el lanzacohetes LAW me tomó diez minutos, por increíble que a usted le parezca. Nací con un gen equivocado y se me pasea el alma por el cuerpo. Cuando llegué “allá abajo” que era un punto a unas setenticinco varas de la escuelita, a un nivel un poco más bajo, todo el mundo estaba en fila india, listo para partir.

—Te tardás más que una puta —me dijo el jefe de pelotón irritado, cuando al fin llegué— estás atrasando.

—¿Qué, tenés una cita con el ginecólogo acaso que tenés tanta prisa? —mi humor mañanero me hace gracioso a veces.

—Tu madre —el jefe de pelotón había amanecido de mal humor así que mejor me quedé callado en aras de mantener la paz.

—Tomá —me dijo de mala gana, y me extendió la bolsa plástica con avena en polvo, galletas, ázucar, alguna lata de salchichas y otras chucherías que siempre llevaban los que iban al monte por largo tiempo, a poner una emboscada o a perseguir al enemigo. No tenía muchas ganas de salir al monte por mucho tiempo pero no tenía escapatoria.

Empezamos a andar con mucha dificultad, la lluvia acababa apenas de parar y nos hundíamos en el lodo hasta cerca de la rodilla. Cuando empezó a clarear sudábamos ya copiosamente. Con las primeras luces fui reconociendo a mis compañeros. Éramos diez hombres escogidos entre todas las escuadras, dirigidos por el teniente primero que había venido a reemplazar al teniente que nos había traído a El Tortuguero. Ahí íbamos los más fuertes, los más ágiles, los mejores tiradores, los mejores andadores y yo, que no era nada de esto, pero sabía leer inglés y gracias a eso entendía las instrucciones para disparar el único lanzacohetes que teníamos, escritas a un lado del arma, así que cada vez que a alguien se le ocurría que había que llevar el lanzacohetes me llevaban a mí, quisiera yo o no quisiera. El hecho de saber —teóricamente al menos— manejar esta arma, por lo demás inútil en esas condiciones, me daba cierto status pero me acarreaba también obligaciones. Ahora ibamos, como supe más tarde, a buscar un grupo de gente que se movía por la zona de manera sospechosa, según decía un informante que había llegado a nuestro campamento la noche anterior, un poco antes de empezar la lluvia.
Caminamos sin detenernos para nada y llegar a nuestro destino, que en un camino seco a lo sumo nos habría tomado dos horas, nos tomó esta vez casi cinco larguísimas horas. Cuando pasó la lluvia el calor parecía haber regresado con más fuerza, el sol nos golpeaba sin piedad y la evaporación ponía el ambiente húmedo y pesado. El lodo, al irse secando casi a la misma velocidad que se había formado, adquiría la consistencia de una melcocha —o de goma de mascar para que me entienda usted mejor. Las botas se nos quedaban pegadas en el lodo y el esfuerzo que hacíamos al sacarlas nos tenía ya los músculos adoloridos. Apenas llegados empezamos el viaje de regreso, pues los sospechosos era un grupo de ingenieros forestales y alumnos de la universidad, que hacían una investigación del estado del bosque en la zona y que andaban todos los documentos habidos y por haber para comprobarlo.

Al regreso, que fue más suave que la ida, paramos un par de horas al mediodía para comer y hacer una siesta. El nuevo jefe era un hombre muy razonable que trataba bien a los soldados cuando había la oportunidad, así que puso a un par de voluntarios a hacer la guardia en cada extremo de la columna mientras el resto, él mismo incluido, roncaba debajo de los árboles.

A eso de las cinco estábamos de regreso y nos fuimos directo al río para bañarnos y ponernos ropa limpia. En el río escuché la noticia que el médico había a enviado a Carlos en la lancha hacia Bluefields esa mañana, cerca ya del mediodía, acompañado de Francine. Uno de los muchachos, que lo había visto partir, contó que se veía muy mal y que iba convulsionando, acostado en un colchón.

Al oscurecer, el médico mandó llamar al jefe de compañía y le dio la triste noticia: Carlos había muerto un poco antes de llegar a Bluefields y le iban a practicar una autopsia para saber de cierto qué lo había matado. Mandó recoger todas las pertenencias de Carlos, la colcha incluida, ponerlas en una bolsa plástica y llevarla al puesto de salud pues se sospechaba que podía ser una enfermedad contagiosa.

La reacción nuestra fue de asombro primero, seguida de enojo después. Nos asombraba que en tan poco tiempo Carlos hubiese pasado de estar saludable a estar muerto y nos enojaba que a nuestro parecer el médico no había hecho bien su trabajo. No podíamos creer que algo que parecía un resfrío común hubiese acabado con nuestro compañero. Estábamos tan bravos que el nuevo jefe mandó que toda la escuadra de Carlos dejara de hacer guardia esa noche. Temía quizás que a alguno de nosotros se nos fuera a ocurrir presentarnos al médico para pedirle cuentas. Mandó también poner un posta extra (siempre había uno por las noches) en el puesto de salud, cubierto por miembros de otro pelotón y ordenó a todo el mundo mantenerse alejado del puesto de salud. Esa noche nos costó mucho dormirnos y nos la pasamos hablando de Carlos, entristecidos. El poeta y yo que dormíamos junto a él éramos sus más cercanos compañeros y los que más tristes estábamos. Carlos era una excelente persona, buen amigo y gran compañero y no podíamos creer que hubiera muerto.

A la mañana siguiente casi toda la compañía estaba aún enojada y el teniente primero mandó inventar trabajo para mantenernos ocupados. Al mediodía llegó una lancha y a media tarde nos llamaron a formación. El teniente primero llegó al frente de la formación con algunas personas, entre las que se encontraba el médico del puesto de salud. Los otros eran Marta Medina, representante del ministerio de Salud en Bluefields, el secretario del FSLN en esa ciudad cuyo nombre he olvidado y un médico, que según creo fue quien había hecho la autopsia del cadáver de Carlos. Por largo rato se deshicieron en explicaciones. Nos contaron que a Carlos le había atacado una Meningitis Meningocóccica (creo que así se escribe), conocida también como meningitis cerebroespinal epidémica, que es un tipo de meningitis muy violento, que acaba con las personas en muy poco tiempo, a veces en cuestión de horas, y que en sus inicios es imposible de diferenciar de muchísimas otras enfermedades tropicales “más benignas” a menos que hayan habido casos recientes que hagan sospechar su existencia. Nos dijeron que la enfermedad debe ser tratada con poderosos antibióticos específicos apenas aparecidos los primeros síntomas y de no hacerse así cualquier acción posterior deja de tener sentido. Por todas estas razones, cuando en una zona aparece un brote de este tipo de meningitis, los primeros que la padecen se mueren casi siempre, para los que enferman después los médicos están mejor preparados y sin embargo muchos se mueren pues no todo enfermo responde bien al tratamiento.

Esto y más nos explicaron pero nosotros no éramos muy duchos en medicina y muchos de nosotros pensamos que lo único que este grupito había venido a hacer era a defender al médico del puesto de salud y a lavarse las manos. Luego de la exposición del grupito vino un período de preguntas y respuestas en el que algunos de nosotros hicimos agrios comentarios y nois quejamos de la jefatura de la compañía y de las pésimas condiciones sanitarias en las que nos encontrábamos. Al final todo el mundo quedó más tranquilo y con los días mejorarían también las condiciones sanitarias, la alimentación y en general la vida en el campamento.

Al poeta y a mí y a algunos otros que teníamos más cercanía con Carlos y compartíamos platos, cucharas o la famosa colcha con él se nos inyectó una fuerte dosis de antibióticos. La choza a la que Carlos se había ido a refugiar en sus últimos días fue incendiada junto con sus últimos enseres personales. Sus papeles, la ropa, y la famosa colcha bajo la que dormíamos el poeta, Carlos y yo, habían sido incinerados ya en el puesto de salud. Por suerte para el resto de nosotros la bacteria se había ido con Carlos y sus pertenencias.

Éramos todos jóvenes y los jóvenes se acostumbran rápidamente a todo así que en pocos días estuvimos recuperados de la tristeza que nos había ocasionado esta muerte que considerábamos inútil e injusta. Para mí en lo personal la muerte de Carlos fue un balde de agua fría arrojado en pleno rostro, que me hizo despertar a la triste realidad en la que nos encontrábamos. No me preocupaba mucho la muerte, y morir en combate defendiendo los ideales por los que me había movilizado me parecía una muerte indeseable pero aceptable al fin, gajes del oficio, mala suerte, pero morir como pendejo haciendo nada allá en el culo del mundo, no me atraía mucho. No teníamos nada que estar haciendo en El Tortuguero y si aún estábamos ahí era porque alguien en algún lugar había cometido un error y no estaba haciendo bien su trabajo. Morir en esas condiciones me parecía una muerte lastimosa, un desperdicio. Me dió tristeza pensar el dolor que le causaría mi muerte a mi familia así que decidí que me iría en pocos días y empecé calladamente a planear la manera de salir de ese criadero de zancudos. Unos cuantos días después yo también subiría en la lancha y partiría hacia Bluefields muy enfermo, la boca cubierta con un pañuelo blanco manchado de sangre y flema, tosiendo como un perro, padeciendo un ataque de tuberculosis que ya puesto en Managua se me habría de curar gracias a un milagro más de Jesús de Rescate, el santo de Popoyuapa que siempre le oye a mi madre y le ha hecho ya multitud de milagros. De ese modo, que ya les contaré después en todos sus detalles, escaparía yo también de aquella vidita de mierda en la que habíamos venido a caer. La muerte de Carlos el generoso me había servido para recapacitar y empezar a tratar de reencontrar el rumbo de la vida mía. Fue el inicio de un proceso que aún me ocuparía un buen tiempo, pero de eso les contaré en otra ocasión.

10 comentarios:

Isabel dijo...

Pedro amigo, ¿En qué andás?

Pasé por aquí, te dejo un abrazo. : )

Natinat dijo...

Hola Pedrito, yo soy la segunda valiente en venir a leerte y dejar un comentario para comentar tu legendarios relatos de los cuales eres el principal protagonista... y como siempre he quedado fascinada leyendo esas crónicas con ese gusto tan especial con el que las cuentas. No sabes como le doy vuelo a la imaginación que creo el cerebro me queda humeando, y estoy segura que por mucho que recree me quedo muy corta con lo que debe ser la realidad...

Te cuento amigo mío que en enero de este año estuve en tu patria, la dulce nicaragüita como la llaman en una canción muy linda, ha sido para mi un viaje fabuloso, llegué a Panamá el 4 de enero y de ahí me desplace por tierra con rumbo norte, buscando como alcanzar el sureste de México, la meta final era llegar a Quintana Roo estado enclavado en la península de Yucatán, justo en lo que se conoce como el caribe mexicano. En Panamá demore 7 días, en Costa rica estuve solo tres días, en Nicaragua permanecí por 16 días, ahí conocí en Managua a tu paisano, el blogger misionero conocido como Alahim Loor, excelente persona y magnifico anfitrión, quien amablemente se ofreció asistirme y lo hizo como un experto quía turístico, es por eso que ahora al leer todo lo que narras me es mas fácil ambientarme con tus hermosas descripciones.

Bueno querido amigo muchas e inmensas gracias por todos lo que nos comparte, de verdad que eres muy majo, no se por donde andas pero siempre serás bienvenido a mi blog, mi pequeño rincón donde comparto con los que quieran visitarme, mis humildes inquietudes.

Te dejo besos cenitales y todo mi afecto

Natinat

Pedro el malo dijo...

Nati, querida,

En enero, una buena amiga me escribía "...en estos días un aire de frescura sopla sobre Managua..." ahora que me escribís entiendo por qué.

Ya le tenía envidia a Alahim porque él es poeta y yo no, ahora que me contás que fue tu anfitrión por allá estoy empezando a ponerme verde. Quién sabe, a lo mejor en otra ocasión tengo la oportunidad de dejarte ver desde mis ojos (mejor dicho: desde el cristal según el que miro las cosas) aquel paisaje nuestro que tanto me fascina. Pero seguramente Alahim te habrá preparado una magnífica gira.

Me imagino que habrá sido un viaje fabuloso el que hiciste. La manera en que recorriste Centroamérica (y Yucatán es aún CA), desde el Sur hacia el Norte es en realidad la mejor manera de hacerlo, la mejor manera para entender aquella región.

Te dejo un abrazo. Sigo escribiéndote más tarde. Te agradezco tu visita a este mi humilde blog.

PEM

david santos dijo...

Pedro, voelva. Quiero conucer mejor tus trabajos. Estes que hoy yo há lido san muy buenos. Voelva, por favor.
Tiene un buen fin de semana.

Pedro el malo dijo...

Hola David,

Le agradezco el favor que me hace al leer este mi bloguito y le agradezco su amable comentario.

En realidad no me he ido a ninguna parte, aquí estoy aún, en este lado del mundo, es sólo que no he escrito para este blog. He empezado algunas otras cosas y el tiempo que me gustaría dedicarle al blog lo estoy empleando en esas otras cosas, que me gustan menos que escribir el blog pero que debo hacer. La verdad, echo de menos escribir en este mi blog más de lo que mis lectores echan de menos leerme. Como me decía una buena amiga un día de estos, "no te preocupés, los post que vos no escribís los está escribiendo otro loco por ahí seguramente".

Un día de estos tendré que tomar una decisión con este mi blog.

Un abrazo, voy a visitar ahora el blog suyo, que leo con frecuencia.

PEM

Misionero dijo...

Bueno final de esta historia será, porque los tiempones siguen y que TIEMPONES viejo, y espero que sigas adelante con esas preciosas filigranas que nos entregas, y que nos dejan embelesados, con decirte que me has quitado como clienta a la españolita, la bella Nati, que miro que no falta por aquí y ahora otra cosa paisa, si ute supiera lo que lo admira esa jeva, se caería de espaldas, pero aún peor si supiera lo linda que es en persona, se cae de cabeza, mala suerte compai, que ute no tuviera aquí pues la verdad me sentí alcanzado como anfitrión. Cuente que hace uste allá en los quintos apretados del primer mundo, ese tal Nederland o tierra de Neder, pero cuente om, cuente algo, ahh te cuento que lest cambo de espacio, esta es su nueva dirección http://telespejo.blogspot.com/ por si deseas darte una vuelta, tiene cosas de las que creo que te gustan. Bueno hermano escríbeme y me contas, quiero saber como es que se hace para poner todo el blog para ser bajado en PDF, talvez me instruccionas un poco.

Un abrazo de iluminado afecto hasta esas tierras perdidas

Alahim

Pedro el malo dijo...

Estimado poeta:

Discúlpeme la tardanza en responder, pero viera que en esta vidita mía no me alcanza el tiempo para nada o mejor dicho: no me alcanza para hacer las cosas que me gustan, como escribirle a los visitantes a mi bloguito, por ejemplo.

Sí, así me contó Nati que anduvo por allá y que te había visto y soltó un montón de amables palabras para vos. Y como le decía yo a ella: me entró envidia que vos estabas allá y yo no. Pero un día habré de conocerla.

Sí, yo sé que es linda persona esta Nati, con un corazón enorme como un potrero de hacienda antigua, en el que deja entrar a pastar a viejos caballos cholencos como yo o briosos potros como vos. Ella, como una niña que recoge polluelos que caen de los árboles y los lleva a su casa a curar sus heridas, se entretiene recogiendo por aquí y por allá blogueros de toda condición para darles cariño y refrescar sus agobiadas vidas. Puro cariño pues.

Ahora hablemos un poco de cómo poner un blog en PDF (portable document file) en tu blog para que tus lectores lo bajen.

Son dos procesos:

1. Hacer el pdf. La manera que yo utilizo es fácil, yo escribo el documento usando el procesador de texto "writer" que es parte del openoffice.org, un `suite" (mis disculpas por el spanglis) que es como el Office de Microsoft, que hace lo mismo que éste con la enorme diferencia que es gratis, completamente gratis. No pirateado, no craqueado, gratis y que se puede bajar (93MB si tu sistema operativo es el windows) desde http://www.openoffice.org/

Una de las opciones de este procesador es guardar el archivo como PDF y eso es lo que hago yo.

Hay otras maneras, pero esas te las contaré después, ahora tengo que irme.

Un abrazo

PEM

Sirena dijo...

¿Cuándo vuelves, compañero? Abrazos grandes!!

Natinat dijo...

Eres bello pedrito, gracias por tus amables palabras, me haces sentir como una princesa.

Siempre me han gustado tus relatos, tienes unas crónicas espectaculares, Justo esto que has publicado, me llega hondo y me emociona. Tienes un excelente estilo para narrar

Espero que nos sigas regalando tus hermosos textos para seguir viniendo a disfrutar de tus post. Considero que haces buen trabajo sigue adelante!!!!, yo te seguiré leyendo. Quizá tarde pero seguro

Besos y fuerte abrazo

Nati

repta dijo...

ta padre tu blog, larguisiiimos los posts pero muy interesantes

que tal si te das una vuelta por mi blog? www.internetynoticias.blogspot.com

checalo y si te gusta linkeamos ;)

dejame la respuesta en un comment de mi pag

saludos