jueves, julio 26, 2007

California, here I come (parte 4)

quellos tiempones Eduardo siguió entonces por un buen tiempo el consejo que el delegado de la juventud le había dado y empezó a pasar más tiempo con sus compañeros y a buscar la manera de ayudarles con el idioma y con la ambientación en el país que tan extraño les parecía. Las cosas fueron mejorando y casi nadie criticaba más a Eduardo a excepción de un par de amargados que lo tenían entre ceja y ceja. Al terminar el año lectivo Eduardo consideró que su misión había terminado por el momento y se fue con su novia y la familia de ésta a pasarse un par de semanas a una ciudad del interior. Luego se irían solos los dos novios a visitar amigos por aquí y por allá, conociendo gentes y lugares. Era verano, la temperatura sube y todo se presta para el amor así que los dos enamorados se fueron a darle rienda suelta a su cariño. Esto parece haber sido demasiado para algunos de los compañeros de Eduardo, que lo imaginaban -y con razón- bebiendo buen vino y buena cerveza mientras ellos sólo tenían acceso a una cerveza malona, de tercera categoría y con sabor a chicha de maíz y a un vodka ruso con sabor a lijadura de hierro, que según decían los bromistas, usaban los soldados del ejército soviético para limpiar sus fusiles. Debe haber sido entonces cuando empezaron a llegar cartas a la oficina de la juventud sandinista en Managua, quejándose entre otras cosas que “el compañero Eduardo presenta ciertas inclinaciones pequeño-burguesas” y no daba muestras de ser un joven “dispuesto al sacrificio”.

Al inicio del nuevo año lectivo Eduardo estuvo muy ocupado y se la pasaba yendo y viniendo de su habitación a las clases y a las bibliotecas. fascinado de la vida porque finalmente estaba haciendo aquello para lo que había llegado y se había preparado. A diferencia de otros compañeros que fueron enviados a estudiar carreras que ellos no habían escogido, Eduardo había empezado la carrera de Economía Política con la que había soñado por años y se encontraba en su charco, leyendo lo que hubiere que leer y haciendo lo que hubiese por hacer para aprender y ser el mejor alumno como le había prometido a su madre. Organizó su tiempo alrededor de sus estudios e incluso su amada Renata tuvo que ajustarse a su nueva situación. Dejó de ir entre semana a su apartamento y empezaron a verse en el fin de semana nada más, pero no hubo problema porque Renata estuvo también muy ocupada. En el receso entre años académicos se habían ido a Managua los que ya no podían seguir -porque no habían dado la talla o porque les había fallado el espíritu- y había llegado un nuevo contingente de muchachos y muchachas. Se pidió a los “veteranos” echarle un hombro a los nuevos y éstos aceptaron hacerlo siempre y cuando no les perjudicase en sus estudios y así un par de veces por semana los viejos prestaban su ayuda a los recién llegados, en el idioma sobre todo.

En el receso de medio año Eduardo se fue de su apartamento sin decirle a nadie adónde iba y avisándole a su compañero de cuarto que regresaría al inicio de las clases. De nuevo empezaron las habladurías de los mismos enemigos gratuitos de siempre y de nuevo solicitaron al delegado de la JS que tomara cartas en el asunto y sancionara a Eduardo por su comportamiento indisciplinado, pero esta vez el delegado se negó rotundamente a llamarle la atención a Eduardo.

-Eduardo es el mejor alumno entre todos nosotros, estudia como loco y ayuda al resto de nosotros en lo que puede, el camarada se merece irse a pasar las vacaciones donde le de la gana. A nadie le pide nada, nadie lo tiene en su lomo así que dejémoslo en paz. Si a alguien le molesta -y el delegado dio aquí en el punto débil de algunos- que el compañero tenga una compa bonita y se quiera pasar su tiempo libre con ella, pues que ese alguien se busque también una novia y ya. Dejémosnos de bicheradas y dejemos que el compa piche su juego

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