jueves, agosto 16, 2007

California, here I come (parte 5)

quellos tiempones A Eduardo, desde sus primeros años de escuela, su madre lo ponía en la cama apenas oscurecía y lo despertaba mucho antes de la salida del sol. En la madrugada fría lo mandaba a bañarse y le servía luego un humeante tazón de leche con café, un pedazo de pan y un banano, le daba sus libros de la escuela y lo ponía a estudiar y a hacer las tareas, mientras el resto de la familia y el pueblo todo dormía aún. Pensaba la madre que aquella era la mejor hora para aprender, que el cerebro estaba entonces fresco y descansado y las ideas se grababan mejor. Tuviese su madre razón o no, a fuerza de repetirlo el madrugar se le convirtió en un hábito y un montón de años más tarde, estudiando en la RDA, Eduardo se levantaba de madrugada, se bañaba, se preparaba un café amargo, comía una fruta -banano si lo hubiera porque era bueno para el cerebro- y empezaba su día de estudio, que no terminaba sino hasta catorce o dieciseis horas más tarde. Para cuando Eduardo llegaba a su primera clase, muy temprano por la mañana, su mente estaba funcionando ya a toda velocidad mientras sus compañeros y sus maestros acababan apenas de levantarse y estaban aún abotagados. Levantarse temprano era sólo un aspecto de la disciplina espartana que Eduardo seguía y que le habían inculcado en su familia, pero había más cosas, algunas las había aprendido en su casa, otras las había ido pensando él mismo o absorbiendo por el camino. Llevaba, por ejemplo, un estricto control de su tiempo y cada domingo antes de or a la cama, planeaba lo que haría en la semana siguiente. En un cuadernito trazaba para cada semana un cuadro de siete columnas -una para cada día- y veinticuatro filas -una para cada hora del día- en el que escribía el destino que tendría su tiempo los siete días siguientes. Cada nuevo día empezaba con una lectura del programa que era controlado frecuentemente a lo largo del día.

Eduardo empleaba una pequeña parte de su tiempo de cada dia en limpiar y ordenar sus cosas. “En el caos está el diablo” decía y desde muy temprano, arreglando su cama, su ropero y sus libros le quitaba al diablo los espacios posibles. Siempre sabía donde estaba cada cosa pues para él cada cosa tenía un lugar y había un lugar para cada cosa. De ese modo, decía, no desperdiciaba el tiempo en buscar lo que necesitara y como todo estaba siempre ordenado y limpio no gastaba mucho tiempo en la limpieza pues unos pocos minutos le bastaban para darle mantenimiento a sus cosas.

Unos años atrás, en el último año de la dictadura, estudiando Eduardo y yo en León el primer año de derecho, pasaba éste a veces a visitarme por el apartamento que yo ocupaba junto con otros estudiantes pero no se quedaba nunca mucho tiempo pues le daba angustia la visión de mi desorden, con libros tirados por aquí y por allá, ceniceros llenos dispuestos al azar, ropa limpia y sucia puesta en cualquier parte, la cama sin hacer y las sábanas pidiendo a gritos ser lavadas.

-Asi no vas a llegar a ninguna parte -solía decirme- así como es tu cuarto así es tu mente y si no ordenás tu mente ésta no va a funcionar bien, no vas a entender las cosas y ni las clases vas a pasar. Deberías empezar por limpiar tu cuarto.

Jamás pude yo entonces entender su razonamiento y sus críticas y consejos cayeron en oídos sordos.

Mantener el cuerpo y la mente sanos era para Eduardo un asunto de importancia capital para poder lograr las cosas que se proponía. Por eso evitaba la parranda, aunque el guaro y las mujeres le encantaran “ya tendré tiempo para eso, primero tengo que trabajar para pagarme esas cosas” me decía, y se burlaba de mí y de mis compañeros de farra por nuestra costumbre de sentarnos a una mesa a beber. “Que gusto el de ustedes, sentarse cuatro güevones a estarse viendo las caras y beber guaro hasta ponerse imbeciles” nos decía, mientras él leía un libro o estudiaba para sus clases.

Eduardo no se masturbaba porque según decía “el onanismo es una debilidad”. No era aficionado a la pornografía como éramos casi todos por entonces y jamás ojeaba las revistas “Hustler” y “Penthouse” que en aquel tiempo circulaban entre los estudiantes.

-No es que no me guste -me explicó alguna vez- es que es un desperdicio de mi tiempo y mis energías. Si voy a ver porno lo voy a hacer con una mujer, para que gocemos juntos, no solito para excitarme y luego ir a meterme al baño a jalármela como un mono estúpido. Mal alimentado y además pajeándome, loco me voy a volver.

Regresemos sí a aquel primer año de la carrera de Economía y segundo de estadía en la RDA que se le pasó a Eduardo a toda velocidad, Al final de ese año tal y como se lo había propuesto, había sacado las mejores calificaciones de toda la universidad. Gracias a su disciplina había tenido tiempo para todo, para divertirse y pasarla bien con Renata y para ayudar a sus compañeros. Estaba feliz pues todo iba marchando según sus planes.

El segundo año fue aún mejor que el primero, sus notas fueron aún mejores y con su dedicación, Eduardo había llamado la atención de los docentes, que lo habían invitado a ocupar a partir del año siguiente un puesto de ayudante de cátedra, usualmente ocupado por estudiantes de los últimos años de la carrera. Eduardo estaba fascinado pues el puesto aunque era insignificante en la estructura de la universidad, le permitía tener acceso a publicaciones, libros y foros a los que de otro modo no accedería. Le permitía relacionarse con los docentes, darse a conocer y tener acceso a más conocimientos. “Un puesto es lo que uno hace de él” le había dicho su padre alguna vez y Eduardo planeaba hacer de su puesto un trampolín para escalar posiciones en la universidad.

Eduardo tenía la virtud de caer en gracia a quienes estaban más arriba que él en la jerarquía, cualquiera que ésta fuese, y por su trato amable a todo el mundo por igual, sin importar el rango o condición de las personas, era también agradable a aquellos que estaban más abajo que él, como las cocineras, choferes o jardineros. Sin embargo, Eduardo tenía el gran defecto de caerle mal a quienes estaban en su mismo nivel: hiciera lo que hiciera, siempre había un grupito de sus compañeros al que Eduardo le caía mal. En esta ocasión, como veremos más adelante, caerle mal a sus compañeros -entre otras cosas- le costó a Eduardo varios valiosos años de su vida.

6 comentarios:

marvision dijo...

Me gusta mucho Eduardo, me gusta su estilo de vida, me gusta como lo educaron...me gusta todo lo que cuentas de este chico. Me va a ayudar mucho el leerlo. Es un ejemplo para cosas que yo ahora necesito...gracias a Eduardo y a ti, que nos lo narras tan bien.
un saludo de marimar

Julio Córdoba dijo...

Estimado don Pedro:

Un honor contar con su visita en mi blog y gracias por sus palabras sobre las líneas editoriales de los bloggers ticos.

Respecto al tema que nos acercó en ningún momento -me parece- he sido discriminatorio hacia el pueblo nicaraguense (y si pareciera lo contrario estoy en disposición de aclarar o enmendar). Me complace que coincidamos en eso.

Para mí los políticos ticos y los nicas NO SON PUEBLO pero fingen serlo. Mis tesis políticas están muy distanciadas de Caracas y -como Chávez está más cerca de Managua que de San José- he sido crítico de las políticas públicas y relaciones internacionales de Ortega (pero que no se confunda, reitero, con el pueblo nicaragüense).

Soy muchísimo más crítico de mi gobierno en otros ámbitos como gasto público, lucha contra la corrupción y legislación vigente. Creo que el Río San Juan es el más apreciado problema para la clase política suya y nuestra: cuando pierden popularidad resucitan el asunto para buscar falsos patrotierismos y aumentar su popularidad (y talvez hasta facilitar actos de corrupción).

Saludos cordiales. Éxitos con la blogueada y disculpas por salirme de tema respecto a su post.

Pedro el malo dijo...

El lunes (es sábado de mañanita) me voy un par de semanas de vacaciones, inmerecidas quizás pero de todos modos sabrosas. Dejo un momento de empacar la maleta y me pongo a escribirles, porque a la clientela hay que atenderla ("el que tiene tienda que la atienda o si no que la venda" decía mi padre).

Marimar:

No sabés cuanto gusto me da que pasés a visitar este mi humilde bloguito, que se puso tan alegre de verte que hasta la compu empezó a actuar raro. Yo pensé que era un virus, pero no podía ser porque uso linux, así que fue sólo que pasaste.

Eduardo y yo somos primos (creo que lo conté antes) y además nos hicimos buenos amigos de muchachos, eso a pesar de sus maneras (que medio describo) y de los terribles defectos míos. Nada que ver el uno y el otro y sin embargo compartimos buenos tiempos. Creo que entenderás que esa época en la RDA terminará mal para él, pero eso lo contaré más adelante. Esta parte de mi blog se me ha salido de las manos, no logro aterrizar y ahí voy exténdiendome en el tema de Eduardo, fuera de lo planeado. Seguime leyendo pues, que me encantan tus visitas. A mi regreso empezaré, creo yo, un otro blog, más universal, pues a veces siento que este blog está demasiado enfocado en un pequeño lugar geográfico, un corto período de tiempo y en un tema muy pequeñito, que quizás aburre a mis visitantes de otros mundos y que además me resulta insuficiente para las cosas que quiero contar. Ya veremos si en la playa sigo pensando en esto. Te dejo un abrazo y saludos a Naty.

(Fui a leer tu cuento de la mariposa que me gusto mucho y el post de los reflejos protagonistas. No conocía a Ferran Ramón-Cortes pero ahora voy siguiéndole la pista, ya fui a su website.)

Julio:

Qué va, el honor es mío con tu visita. Si me quitás el "don" (" vos y yo somos casi casi de la misma edad" me decía mi abuela) y usás el "vos" nos entenderemos mejor.

No, no te estás saliendo del tema, creo yo, pues con mi blog pretendo hacer una especie de fotografía de mi vida en "aquellos tiempones", que me retrate (pues estas son mis memorias para mis hijas) pero también deje ver el ambiente en que me encontraba, la época sandinista, que ya ves como son las cosas, ahí está aún en la triste realidad de los tiempos actuales que cuando los examinamos bien dejan ver que son los mismos tiempos aquellos.

Mis saludos, gracias por pasar por acá y a mi regreso seguiré leyéndote pues tu blog permite echar una mirada a la realidad de Costa Rica, que me resulta siempre tan interesante. Tu blog me ha servido de plataforma hacia otros blogs y otras gentes. Desde principios de 96 hasta mediados de 98 estuve viviendo en Costa Rica, un tiempo riquísimo y desde entonces presto mucha atención a lo que por allá pasa.

Suerte

PEM

Mendoza dijo...

Pedro: están muy buenos los escritos sobre tus memorias. Creo que voy a estar pasando con mas frecuencia.

R. Mendoza

Ángel Azul dijo...

Entré desde no sé que buscador trás la necesidad de saber sobre los estragos hechos por el huracán Felix en Puerto Cabezas y me quedé hurgando en tu blog y de verdad, más allá de no estar absolutamente de acuerdo en todo puedo decirte que es atrapante leerte y se siente lo honesto que eres. Tu narrativa es atrapante y brillante.
Me ha encantado visitarte.

Homo surfus dijo...

Hola Pedro!
Paso a saludarte y a solidarizarme con el pueblo nicaragüense y hondureño, en especial a la golpeada históricamente costa Moskitia. No me puedo explicar cómo el gobierno de Ortega sabiendo que era inminente la llegada de Félix a Puerto Cabezas no se haya dispuesto del ejército en pleno para salvaguardar a estas humildes personas y sus escasos bienes. Ví la súplica de un miskito por unos simples clavos y un par de latas de zinc. Ví a una señora regañar a Ortega ante las cámaras. Ví a un niño jugando entre los escombros de lo que fue su casa. Ví a un pueblo sufrir hasta los tuétanos, pero no era un sufrimiento fresco ante la tragedia que pareciera los tomó desprevenidos. Lo que ví fue un sufrimiento añejo, de un pueblo y una cultura riquísimos pero olvidados a su suerte.
Dios les dé fuerza!!!
(
Perdona haberme salido del tema, en realidad sólo quería agradecerte tu gran y grande comentario en mi blog, y decirte que se me jodió la compu de hace días, bróder, y me acongoja no visitar a los blogeros que atentamente me visitan. Saludos.
)