sábado, septiembre 29, 2007

California, here I come (parte 6)

[Cada loco con su tema y yo sigo con el mío luego de una larga interrupción. Mis disculpas.]

En la época de Somoza las becas al exterior se repartían entre los partidarios del régimen como un favor, y una condición implícita era que en agradecimiento vos apoyarías ciento por ciento al dictador tanto en tu tiempo de becario como después, una vez que hubieras terminado tus estudios. Se esperaba que no morderías la mano que te daba de comer, que darías buen uso a los conocimientos adquiridos y no los utilizarías para atacar al régimen. En el sandinismo, esta manera de otorgar las becas continuó más o menos igual, sólo que ahora las exigencias de adhesión eran mucho mayores pues las becas al exterior eran utilizadas por los sandinistas para la formación de sus propios cuadros. No se hacía un llamado a concursar pues las becas no se otorgaban por méritos académicos sino por afinidad política y vos podías ser el más inteligente de los estudiantes y tener las mejores calificaciones de todo el país, pero al solicitar una beca todo eso no valía nada, lo único que contaba era que fueras sandinista. En una sociedad como la nicaragüense, en la que la democracia siempre fue nada más que una palabra vaga cuyo significado sólo era conocido por unos cuantos, este modo de hacer las cosas era lo más normal del mundo y a nadie le causaba extrañeza.

En el somocismo no se vigilaba a los becarios, al menos no del modo que lo hacían los sandinistas, quizás porque no tenía la dictadura los medios para hacerlo o porque no eran muchos los becarios o porque se dejaba la vigilancia en manos de la persona que había solicitado la beca para el estudiante. En el sandinismo, una agrupación profundamente paranoica, había siempre un ojo abierto y vigilante para que los favorecidos no se desviaran de su camino. Los becarios eran usualmente -digo usualmente pues no estoy seguro que siempre fuese así- miembros de la organización Juventud Sandinista 19 de Julio, el órgano juvenil del FSLN o del partido mismo y en el país al que los becarios fuesen, la JS19J organizaba una célula que daba seguimiento a los becarios y les mandaba hacer trabajo partidario. Donde estuviesen, los muchachos se la pasaban participando en la celebración de las fechas importantes para el FSLN, formando parte de círculos de estudio y demostrando de mil maneras que estaban avanzando por el buen camino. La célula de la JS19J enviaba con cierta periodicidad informes sobre los becarios que iban guardándose en la carpeta que de cada uno se llevaba en la oficina central en Managua. Cada año, en la carpeta se depositaba la evaluación anual de cada compañero, elaborada por la celula de la JS del país en el que el becario se encontraba. Aparte de las evaluaciones periódicas, cuyo contenido era generalmente conocido por el evaluado, la célula enviaba también cuando así lo estimase necesario, informes sobre algunos becarios cuyo contenido -y su existencia incluso- era desconocido a éstos.

Unas de las primeras tareas a las que se dedicaron los sandinistas apenas subidos al poder, fue la creación de sofisticados aparatos de inteligencia con la asesoría de las mejores agencias de inteligencia de Europa del Este y de la dirección de seguridad del estado de Cuba. En poco tiempo, las redes de inteligencia habían penetrado toda la sociedad y en un cierto momento la vigilancia de los becarios que la JS19J realizaba, vino a reforzarse con el trabajo de estos órganos. Algunos de los estudiantes, miembros del partido, pasaron a convertirse en agentes encubiertos de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) y sus informes en lugar de remitirlos a la sede de la JS como lo habían venido haciendo, los enviaban ahora a la oficina de la DGSE.

Entre quienes estaban al frente de la JS en Alemania en aquel tiempo, Eduardo contaba únicamente con la simpatía del jefe de la célula, que constantemente lo defendía del ataque que algunos de los otros miembros le hacían. Sin embargo, ni siquiera el jefe de la célula podía evitar que el informe que cada año se hacía de Eduardo fuese redactado en términos negativos, que bien podía decir que “aunque el compañero es muy inteligente y buen alumno, presenta debilidades pequeño-burguesas” , o cosas como “...el compañero desatiende la vida partidaria para dedicarse a la distracción”. No existían por entonces, y probablemente nunca existieron, criterios claros de evaluación y la palabra de los representantes del partido o luego, de los miembros de los aparatos de inteligencia, tenía un peso enorme. Con el paso del tiempo y el crecimiento de su negativo dossier, en las oficinas de la JS en Managua probablemente se llegó a considerar a Eduardo un elemento peligroso para la revolución.

En el quinto año de la estadia de Eduardo en Alemania y cuarto de su carrera, el delegado de la JS fue sustituido por uno de los antiguos estudiantes, el mismo que tenía a Eduardo entre ceja y ceja, que cada año se encargaba de enturbiar el informe de Eduardo y que con cierta periodicidad enviaba mensajes confidenciales a la JS y a la DGSE, de la cual era miembro.

Para nadie era un secreto que el nuevo representante de la JS era enemigo declarado de Eduardo, por eso éste se sorprendió cuando aquel se le acercó en términos conciliadores.

-Mirá Eduardo -le dijo un día-, hasta ahora vos y yo no nos hemos llevado bien, pero yo creo que es hora de mirar adelante y trabajar juntos. Vos sos el tipo de persona que la revolución necesita así que te invito a que dejemos atrás los desacuerdos y colaboremos.

-Claro que sí -respondió Eduardo- yo nunca he tenido y no tengo nada contra vos y voy a colaborar en lo que esté a mi alcance.

-¿Querés ayudarme con la educación política de los compas? -preguntó el jefe de la JS.

-Con gusto -dijo Eduardo y así, en los meses siguientes, estuvo colaborando con la dirección de la JS y participando en sus reuniones, como una especie de asesor, opinando sobre documentos de educación política y redactando folletos en los que se trataban temas económicos.

-Cuidate -le dijo un día a Eduardo el antiguo jefe de la JS- ese tipo es intrigante y una noche, medio bolo, le dijo a su compañero de cuarto que quien te jode es él.

Eduardo le agradeció la información y se mantuvo alerta, pero pasó el tiempo y no pasó nada y aquel joven tan inteligente bajó la guardia completamente. Una noche, en plena época de exámenes el jefe de la JS le pidió examinar un folleto y ver si podía serle útil en la preparación de una exposición que Eduardo haría para los compañeros sobre un cierto tema unas semanas más tarde. Dentro de tres días tendrían una reunión de la dirección de la JS y le iba a agradecer que para entonces lo hubiera leído y le diera su opinión “sobre el folletito”.

-Yo sé que estás en exámenes -le dijo- pero sólo tenés que acostarte un poco más tarde un día y ya, para vos analizar este documentito es cosa de un ratito.

-¿Quién escribió esto? -preguntó Eduardo aún.

-Que sé yo, un compa de la dirección de propaganda del partido, creo yo.

Una noche, tres días más tarde, casi al final de una reunión maratónica y frente al resto de los compañeros de la dirección de la JS el jefe le preguntó a Eduardo que le había parecido el documento que le había llevado y si le servía para su exposición. Eduardo, sumamente cansado respondió con aburrimiento.

-Ese documento no me sirve, es muy elemental -respondió Eduardo francamente.

-¿Elemental? -preguntó alguien, inocentemente.

-Sí -dijo Eduardo bostezando y sacando el documento de entre sus papeles- no creo que sea útil para estudiantes universitarios. Eduardo era sumamente metódico, había leído el documento más de una vez y lo había subrayado en muchos lugares y había escrito en los márgenes en su apretada letra multitud de comentarios. El jefe de la JS lo tomó de entrte las manos de Eduardo, lo hojeó y luego lo hizo circular entre los demás.

-¿Será que el que lo escribió es economista? -preguntó otro de los presentes.

-Que va -dijo Eduardo- ese no ha hablado ni con la mujer de un economista. Por el lenguaje y los términos que utiliza yo diría que este compa se lanzó un par de manuales de propaganda soviéticos y los copió.

-¿Vos crees que yo podría escribirlo mejor? -le preguntó el que había hablado al inicio, estudiante de economía como Eduardo, pero en un año inferior.

-Por supuesto mi estimado camarada -contestó Eduardo jovialmente- usted como alumno avanzado de la carrera de economía puede escribir mejores cosas que un folletito de propaganda. Usted podría redactar un tratado científico.

-Terminemos pues con esto -dijo el jefe apurando el final de la reunión- todos estamos cansados. No vamos a usar pues el documento este, decime Eduardo, ¿Qué destino podemos darle al documento?

-El basurero -dijo Eduardo, franco.

-El basurero pues -dijo el jefe sonriendo y dando así por concluída la reunión.