domingo, octubre 21, 2007

California, here I come (parte 10)

Yo tenía para entonces una novia que me fascinaba, que olía riquísimo por todas partes, que no conocía la palabra “no”, que estaba enamoradísima de mí y con la que pasabamos noches, mañanas y tardes deliciosas. Hasta entonces casi siempre había tenido amores compartidos. Había sido amante de mujeres con marido, o amante de las amantes de hombres casados o emparejados con otras mujeres, o novio de mujeres que tenían otros novios. Hacía años que no tenía un amorcito para mí solito, una muchacha con la que podía coger sin contener los quejidos, haciendo ruido, sin temor a ser escuchado por un amante traicionado. Si no podía viajar a California ya sabía yo de qué manera iba a encontrar el consuelo.

Pensando en esas cosas estaba cuando el yanqui de la ventanilla me llamó por segunda vez pues no lo había escuchado la primera vez.

-Buenos días -dije, educadamente.

-Buenos días -contestó el yanqui- parece que está usted un poco dormido el día de hoy.

-Soñando despierto -dije.

-¿Y qué sueña usted, si se puede saber? -yo no me había preparado para este tipo de preguntas y me pareció que no eran preguntas standard y aquel hombre tenía simplemente ganas de platicar.

-En este momento -dije, sincero, sin pensar en adoptar una postura- estaba pensando en lo bonitas y suaves que son las manos de mi novia.

-Pero usted quiere dejarla para irse a Estados Unidos.

-Pero no más que el tiempo que ella me va a esperar antes de buscarse otro.

-¿Y cuánto tiempo es ese que ella podrá esperar?

-Dos meses, no más. Ni ella es Penélope ni yo soy Ulises.

-¿Y usted para qué quiere viajar a Estados Unidos? -el yanqui regresaba a sus funciones.

-Para ver a mi padre, a quien no veo desde hace cinco años y a mi madre a quien no he visto en tres años.

-¿Tiene hermanos allá?

-Cinco, todos en California, pienso quedarme una semana con cada uno.

-¿Usted estuvo antes allá?

-Una vez, hace cinco años, unos pocos meses, estudiando inglés con una visa I-20.

-So, you do speak English.

-A little bit.

-¿Ha pensado en quedarse allá si obtiene la visa?

-Lo he pensado, como todo el mundo, pero eso no me conviene. Mi vida está aquí, no allá, y aunque me encanta viajar ya estoy ansioso por regresar. Algunos tienen más posibilidades allá que aquí, yo no.

-¿En qué trabaja usted?

-Soy jefe de personal y accionista de una empresa de construcción -yo no estaba diciendo exactamente la verdad pero no me tembló ningún músculo cuando le extendí la carta al funcionario de la embajada. Estaba haciendo bluff y me encantaba.

El funcionario leyó la carta despacito: Cuando hubo terminado me miró a los ojos y me preguntó si llevaba otros documentos. Le pasé la solvencia de impuestos.

-¿Algo más? -me preguntó.

-Eso es todo lo que he traído -respondí. El hombre leyó la carta de nuevo, muy lentamente, y lentamente examinó la solvencia fiscal.

-¿No trajo usted nada más? -el funcionario sonaba extrañado.

-Nada más, pensé que no era necesario -dije, y empecé a sentir que había perdido el juego, que el yanqui me despacharía como la maestra que despacha a su casa a un niño que olvidó llevar sus libros y cuadernos a la escuela.

-Pues pensó mal, son necesarios -me dijo el funcionario en tono amable, no reprochándome o juzgándome, sino más bien como estableciendo un hecho.

-I am sorry, -dije yo, poniendo las palmas de las manos hacia arriba- thank you for your time, I will bring the rest of the documents tomorrow.

-Don't worry -dijo el yanqui señalando hacia un salón de espera-. Please take a seat. -Yo no podía creer lo que estaba oyendo pero no iba a preguntar nada, no fuese que el hombre se arrepintiera. El yanqui me estaba mandando a sentar y por lo que había estado observando, sólo mandaban a sentarse a aquellos que recibirían la visa.

-Thank you very much -dije.

-You're welcome -dijo el yanqui, y yo me fuí a sentar.

Sentado ahí, rodeado de los escogidos por los dioses del Olimpo, aún no podía creerme que me iban a dar la visa. Me parecía imposible. Las otras pocas personas que estaban ahí sentadas estaban seguras que iban a recibir la visa ¿Si no, para qué nos sentaron aquí? me dijo una joven que yo ya conocía de antes. Pero yo no estaba seguro, más bien estaba un poco temeroso, tratando de pensar si había cometido yo algún delito que los yanquis pudieran perseguir. Poco a poco sin embargo fui cayendo en la cuenta que las cosas me habían salido bien. Sería probablemente gracias a la carta, o quizás a mi despreocupación o a la buena voluntad del entrevistador, pero lo cierto era que ahora podría viajar legalmente a Estados Unidos a ver a la familia Un rato más tarde empezaron a llamarnos a la ventanilla para recoger nuestros pasaportes.

-Buen viaje -me dijo mi entrevistador al entregarme el pasaporte.

-Muchas gracias -le dije, y salí caminando a paso firme pero sin prisa. Mientras caminaba examiné el sello: me habían extendido una visa multiple por tiempo indefinido. Con ella podría de ahora en adelante viajar cada vez que así lo deseara. Quién sabe cuánta gente habría deseado estar en mis zapatos en ese momento. Quién sabe cuántos habrían dado gustosos casi cualquier cosa por tener un pasaporte como ese que ahora estaba poniendo en el bolsillo de mi camisa. Me dió pena de toda esa gente y sentí casi un remordimiento de conciencia, como si hubiese yo hecho algo malo.

-¿Te la negaron? -me preguntó al verme serio, un desvisado con el que había estado platicando en la fila.

-Me la dieron -le dije, y le mostré el sello.

-Qué hi-jue-pu-ta más suertero -dijo- te felicito y ojalá le saqués el jugo.

-Ojalá .-dije yo, y me fui.



En el próximo post: parte 11 y final de la serie.

1 comentario:

Silvia Porras dijo...

Conocer la manera de como hablar, saber de antemano que decir, cuando decirlo, es parte del conocimiento teorico de la psicologia politica, no es cierto?