martes, octubre 23, 2007

California, here I come (parte 11 y final)

Yo no fuí el único sorprendido de que me hubieran dado la visa, también se sorprendieron todos aquellos que antes pensaron que yo estaba loco y tuve que mostrar el pasaporte a todo el mundo para que me creyeran. Mi primo Eduardo, viendo que yo había tenido suerte se fue a intentar también obtener una visa. No pude ayudarle a conseguir una carta como la que yo había llevado así que se fue a la embajada sólo con la solvencia y la pinta pero no le dió resultado. Eso no afectó ni su ánimo ni sus planes. Su hermano tenía arreglado ya su paso de modo ilegal y Eduardo estaba listo para salir apenas aquel lo mandara a llamar.

En los días siguientes, vendí mi carro, mi papá me mandó dinero, compré el pasaje, me despedí de mi novia y me fuí. Un par de semanas más tarde llegaba Eduardo también, feliz de la vida, decidido a trabajar como loco para pagarle a su hermano y para hacerse rico. Unos pocos años más tarde, trabajando dura y honradamente había conseguido hacerse rico, le había pagado a su hermano y había mandado a traer a su madre. Tal y como su madre lo pronosticara, a él le había ido bien mientras que aquellos que lo habían perjudicado terminaron comiendo mierda a dos carrillos.

En lo que a mí respecta, aunque me había ido pensando regresar en algunas semanas, el viaje se me fue extendiendo y me quedé un año y cuatro meses. No tenía ganas de quedarme pero no tenía tampoco ganas de regresar. Estaba convencido que eso que había en Nicaragua no era la revolución que se esperaba y que los nueve hombrecitos que dirigían el país sólo estaban en el poder para disfrutar de sus mieles, para poder coger con muchachas bonitas, para comer y beber, para disfrutar pues de aquellas cosas a las que nunca habían tenido acceso y jamás habrían tenido acceso trabajando. Pensando en todo esto y mirando las cosas desde lejos fui entendiendo entonces cosas que antes no entendí por estar tan cerca de ellas. Me entró una terrible depresión que me duró largos meses. No tenía raíces en inguna parte y no tenía ganas de echarlas. En San Francisco mi hermano menor me dio posada en su apartamento. El trabajaba duro, yo muy poco, dormía mucho y me pasaba las tardes y a veces días enteros metido en la biblioteca pública. Allá era siempre caliente y estaba rodeado de libros y de gente. De tanto leer, mi inglés elemental se volvió muy avanzado y de tanto platicar mi inglés verbal mejoró un poco sin llegar nunca a ser muy bueno. Platicaba con los bibliotecarios y me hice “amigo” de varios de los visitantes habituales de la biblioteca, usualmente gente sin techo, borrachos y drogadictos, pero también personas muy sanas que por alguna razón se habían quedado solos y llegaban a la biblioteca a llenar de alguna manera sus horas y a tener algún contacto con otros seres humanos. Hablaba de poesía con los que gustaban de poesía, de historia con los históricos y de las injusticias sociales con los sin techo.

Leí de nuevo, ahora en inglés a mis viejos amigos Nietzsche, Hesse y Dostoievsky, que no me ayudaron mucho a salir de mis tristezas, pero mi lectura favorita fueron los libros de patentes, que comencé a leer desde la primera página y que se convirtieron en el mapa con el que me fui guiando para entender el camino que había seguido la técnica en los Estados Unidos. Para seguir el rastro de las patentes fui leyendo otros libros, de historia, de sociología, tratando de entender el contexto en que las invenciones y descubrimientos se producían y de este modo fui entendiendo la sociedad estadounidense y entendiendo el camino que había seguido en su desarrollo. Había empezado a leer las patentes y a hacer anotaciones pensando encontrar ideas que podrían ser útiles para Nicaragua y que quizás podría adaptar a las condiciones del país al regresar allá. Ingenuamente me había construido y había seguido un programa de estudios que me había dotado de conocimientos históricos, sociales y técnicos y me había enseñado a mi mismo una nueva lengua. Meses después, cuando levanté la cabeza de mis libros descubrí que la depresión se había ido y que sin habérmelo preguntado directamente sabía ahora -aún vagamente- qué cosa quería y qué cosas iba a hacer. De pronto me entró una prisa enorme, dejé los libros que estaba leyendo, me levanté y me fuí.

Cuando regresó de su trabajo mi hermano menor me encontró arreglando mis cosas, lavando ropa, cocinando, empacando maletas y haciendo una lista detallada de las cosas que tenía que hacer antes de irme y de lo que tenía que llevar.

-¿Entonces, qué has pensado? -me preguntó, para iniciar una conversación.

-Me voy de vuelta para Nicaragua.

-Vos sí que estás loco -mi hermano pensaba en realidad que yo estaba algo loco- mientras todo el mundo está buscando como salir de Nicaragua vos querés regresarte. Ve que lindo. ¿Y qué pensás hacer allá?

-No sé, dar clases en primaria, estudiar, hacer algo pŕoductivo, vivir, pues esto que tengo aquí no es vida.

-¿Querés estudiar? Estudiá aquí, escogé lo que querrás estudiar, yo te pago los estudios aunque tenga que agarrar otro pegue. ¿Qué querés estudiar? ¿Psicología? ¿Ciencias políticas?

-No quiero quedarme más, estoy aburrido de este país, además todo el mundo sabe que no vine a quedarme y que alguna vez tendría que irme.

-A vos lo que te faltan son vitaminas, tenés alguna deficiencia y por eso no pensás bien -mi hermano menor era y es aún un hombre grande, fuerte y bravo, cargado de testosterona, yo era un flaquito debilucho.

-A lo mejor lo que te falta a vos es sexo -mi hermano cogía cada semana con una muchacha diferente-, hoy es viernes ¿por qué no me acompañás a la disco? A lo mejor te encontrás una chavala y te encajás y se te quitan esas ideas estúpidas de la cabeza. Claro, tenés que ponerte las pilas y hablarle de cosas agradables a las muchachas, bailar con ellas, restregárteles, sonreir, en lugar de andar amargado pensando en revoluciones y mierdas.

-Dale, vamos -dije-, después de la cena me baño y nos vamos.

-Pero sólo bañate, no te la jalés que después te quedás dormido en la mesa. O no te bañés, te perfumás y ya.

Esa noche nos fuimos a bailar a una disco en San Mateo creo, o quizás en el mismo San Francisco, cerca de un bosquecito. Mi hermano bailó un buen rato con una rubia hermosísima y sonriente y se la llevó después a caminar por el bosquecito. Yo bailé un par de veces con una flaquita lindísima, de piel bronceada y ojos verdes, pero me falló el remate y no la pude sacar a caminar al bosquecito. Cuando la flaquita se me fue con otro yo me fui a sentar con una muchacha bonita que resultó que estudiaba Ciencias Políticas en Berkeley. Le conté que era yo de Nicaragua y ya no paramos de platicar toda la noche pues su tesis, que estaba ya por terminar, versaba sobre el gobierno de Carter y la revolución nicaragüense. Mi hermano regresó más tarde, abrazándose y besándose con la rubia hermosa y desde lejos me guiñó un ojo. Cuando fui al bar a buscar un par de tragos mi hermano se me acercó contento.

-Vas bien, pero sacala a bailar, calentala, no la dejés enfriar. Ya la miré bien cuando fue al bar hace un ratito, es culazo.

-Aquí no voy a agarrar nada -le dije- la bróder es lesbiana, ya me contó para cortarme las alas.

-No me digás!. Entonces ¿para qué le estás comprando un trago? Estás perdiendo el tiempo, buscate otra, aquella flaca por ejemplo, que te está mirando desde hace rato -mi hermano saludó a la flaca desde lejos y ella devolvió el saludo.

-No, me quedo con mi lesbiana. Me encanta, estoy enamorado de ella y si tengo que cambiarme el sexo para cogérmela pues me lo cambio.

-Si no agarrás nada como hombre, como mujer te va a ir peor. Pero bueno, es tu vida. ¿Y esa jaña tuya vino sola?

-Si, vino a juntarse con su novia que es bisexual.

-¿Y esa donde está?

-Es aquella, con la que saliste a coger -la rubia hermosa se encaminaba hacia su novia-, vení sentate con nosotros que esto se va a poner “cozy”.

Mi hermano casi se desmayó del susto pero vino a sentarse con nosotros sin tocar ya más a la rubia hermosa. Yo traté todavía de convencer a la lesbiana de que ella era más bien bisexual, que el sexo con hombres -conmigo- podía ser placentero y de que echáramos un polvito, pero ella estaba muy segura de lo que quería así que yo no insistí más, conformándome con disfrutar de su conversación. Con mi hermano y la rubia formamos los cuatro un grupito muy divertido y nos la pasamos jodiendo, bailando en molote, contando chistes y riéndonos. Al final de la noche nos despedimos todos como amigos e intercambiamos teléfonos y besitos amistosos. Cuando ya íbamos empezando a andar mi hermano y yo hacia la salida, ella me detuvo, jalando mi brazo delicadamente, acercó su cabeza hacia la mía y me besó en la boca. Fue un beso delicioso, diferente que otros besos que yo hubiese recibido. Ella introdujo en mi boca su lengua, tersa, fuerte, apasionada, dulce, que cabalgó graciosa sobre la mía y fue luego a posarse debajo de ella y a moverse allá abajo, suave, rítmicamente para subir de nuevo y entrar casi hasta mi garganta para luego salir subiendo hasta el cielo de mi boca, haciéndome cosquillas allá arriba. No fue un beso muy largo, fue exacto, preciso, académico casi y cuando terminó, ella tuvo aún tiempo de posar un delicado beso sobre mis labios, como un suave soplido o como el aleteo de una mariposa. Ella y yo nos estremecimos de placer. Un momento antes habíamos hablado de cuáles eran nuestros sabores favoritos de sorbete y tanto ella como yo preferíamos el helado de ron con pasas por sobre todos los demás.

-Más rico que el ron con pasas -dije cuando nos separábamos, pues eso fue lo único que se me ocurrió decir.

-Más rico -dijo ella- nos vemos. Me encantó conocerte.

-Nos vemos, a mí también -dije yo y empecé a andar de nuevo, caminando hacia atrás, con mi hermano que no se había perdido ningún detalle del momento. La novia de ella, la hermosísima rubia, conmovida, la atrajo hacia sí y nos dijo adiós con la mano al mismo tiempo que le decía a su amor "that was soooo beautiful" y le frotaba la espalda. La que me había besado nos mostró también la palma de su mano en señal de adiós.

De regreso mi hermano venía manejando y por un rato no dijo nada, dejándome disfrutar del recuerdo de aquel beso increíble, pero luego no se aguantó y empezó a hablar.

-Entonces, ¿fue tan rico el beso tanto como me lo pareció?

-Más rico, fue increíble.

-¿Más rico que un polvo?

-Eso que vos viste no fue sólo un beso, fue todo un polvo. Un polvo concentrado, polvo de estrellas, polvo cósmico pues -yo no lograba bajarme de mi nube.

-Estás loco hijueputa, o fumaste alguna cosa.

-No fume nada. Qué cosa más rica. Más rico seguramente que tu polvo con la rubia.

-¿Viste? y así te querés ir a Nicaragua a que te mate un contra cuando podés gozar de estas mujeres tan lindas.

-Nadie me va a matar y allá también hay mujeres lindas, que además me entienden.

-No hablés pajas, a vos las mujeres no te entienden ni vos las entendés a ellas. Esta pareció entenderte y eso porque era cochona.

-Eso suena muy feo, no le digás así a esa mujer tan linda -yo me había vuelto a enamorar.

-¿No? ¿y cómo querés que le diga para que suene más bonito? ¿Tortillera? ¿Rechivuelta? - mi hermano me estaba haciendo bromas, desquitándose de todo lo que yo lo había molestado cuando era pequeñito.

-No digás nada hijueputa. Cuando estás callado hasta parecés simpático.

Mi hermano dejó al fin de hablar y yo pude pensar de nuevo en aquella mujer. Casi estábamos llegando cuando creí entender las cosas mejor.

-Fue un beso espititual -dije- de espíritu a espíritu.

-No hablés mierdas -dijo mi hermano- fue un beso que salió de sus centros de placer hacia los tuyos. Fue deseo, fue la bestia saliendo, fue testosterona pura disolviéndose en el aire y mezclándose con una nube de progesterona.

-Vos no entendés nada -le dije, vos sos carnal y no sabés de estas cosas del espíritu.

-Vos sos el que no entiende nada porque sólo vivís soñando y así vas a morir, lo que nos mueve son los sentidos, la carne, no ningún ánima que a lo mejor ni existe. No hay nada mejor que el sexo y el sexo es físico. Las conexiones que se establecen al coger son hormonales no espirituales. Cuando entendás esto talvez bajarás a la vida real, talvez evolucionarás.

Quizás por eso nos llevábamos tan bien mi hermano y yo, porque aunque veníamos del mismo nido pensábamos en muchas cosas de modo diferente. Por eso jamás nos aburríamos y quién sabe por qué jamás nos enojábamos.

Ni la salida a la disco, ni aquel beso divino, ni el frasco de multivitaminas que al día siguiente me compró mi hermano me hicieron desistir de mi idea de regresar a Nicaragua. Aún me pasé varias semanas arreglando cosas y despidiéndome de toda la gente y al fin hice una reservación para el primero de abril. Dos semanas antes del día de mi viaje me llegó un sobre enorme del servicio migratorio, diciéndome que aprobaban la solicitud de residencia que mi padre había hecho a mi favor el año anterior. Me enviaban un montón de formularios que debía llenar e instrucciones que debía seguir para que me extendieran la tarjeta verde que tanta gente ansiaba. Yo no tenía ganas de continuar con el procedimiento pues implicaba regresar a Nicaragua, hacerme unos exámenes médicos, gastar un montón de plata y regresar luego a Estados Unidos. El problema era que yo no quería regresar a Estados Unidos. Alguien de la familia empezó una recolecta de fondos para cubrir todos los gastos en que debía incurrir si seguía con los trámites pero yo rechacé el amable ofrecimiento y le dije a todos que lo único que yo quería era regresar a Nicaragua y tratar de hacer vida allá. A insistencia de mi padre me llevé los papeles, por si acaso cambiaba de opinión pero nunca cambié de opinión y hasta hoy nunca me arrepentí de mi decisión. El primero de abril estaba de regreso en Nicaragua. Cuando bajé del avión el calor de Managua me golpeó en el rostro y me puso eufórico.


Una nota final: mis disculpas si esta serie se me hizo demasiado larga pero no encontré la manera de abreviar. Quizás debería hacer un curso de redacción para llegar al grano de una vez. En el futuro procuraré ser más breve porque no es justo abusar de la paciencia del lector. En los días que vienen empezaré a contarles de la vida en Nicaragua desde 1986 en adelante.

3 comentarios:

n0rm dijo...

Saludes pedro, me parecio interesante tu blog y por eso lo inclui :)

Y si, demasiada larga esa historia, yo solo he leido la ultima parte que parece mas relato erotico que otra cosa :P suerte! :)

Natasha dijo...

...si yo también chiquito lindo, vengo a dejarte mi huella...

¡eeaa! que me había perdido, pero tú me has reencaminado. después de leer tus lindas palabras interpretando lo último que escribi en mi espacio. Muchas gracias PEM, eres maravilloso, que enorme capacidad de percepción tienes... Y ¿sabes? si, si estoy enamorada, enamorada de la vida, del amor, y de quien quiera amarme de verdad.

Bueno caí por aquí, porque me pareció correcto atrasarme un post para agarrarle el hilo a lo que relatas en el que sigue, luego iré leyendo para atrás, para embeberme mejor de los detalles... sobre las peripecias de tu estadía en California, a la par que voy descubriendo cosas muy ricas de tu manera de ser, aunque para mí se me hace más interesante tu relato de lo que vas a hacer en Nicaragua, justo ahora que yo estoy aquí y apenas comienzo a ambientarme a la nicaraguanidad. Como siempre tu estilo narrativo me atrapa, no sé como le haces pero tienes como cierta magia para mantener el interés al ir esparciendo sabores, aromas, matices, en cada párrafo que escribes.

Muchas gracias mi querido amigo, nica, estaré siguiendo tus huellas en la medida de que me sea posible.

Besitos

fsiekonomi.multiply.com dijo...

hello a greet from padang, indonesia.