jueves, octubre 11, 2007

California, here I come (parte 8)

Cuando Eduardo me contaba todas estas cosas habían pasado ya varias semanas desde su llegada, ya todo había sido resuelto y su voz no reflejaba ninguna emoción al contarme los detalles. Hablaba de sí mismo y de sus cosas con mucha tranquilidad, como si hubiese estado hablando de otra persona.

Su sentencia estaba ya lista cuando le enviaron a traer y aunque intentó por todos sus medios cambiar las cosas no pudo lograrlo. En Managua la comisión disciplinaria fingió escucharle, fingieron que examinaban la “evidencia” pero al final soltaron el veredicto que Eduardo ya sabía de antemano: la beca le era suspendida por sus faltas disciplinarias. En consideración a su precaria situación económica y gracias a la generosidad revolucionaria no le exigirían el pago de lo que la revolución había gastado al enviarlo a estudiar.

-Pero cómo fue, contame- le pregunté curioso.

-Cuando llegué del aeropuerto a la casa de la JS era casi mediodía. Me dieron de almorzar y me dijeron que iban a convocar a los miembros de la comisión para esa misma tarde. Yo tenía un sueño brutal pues mi cuerpo aún estaba en otro ritmo así que me pasé la tarde cabeceando en una silla. Como a las ocho de la noche una compa vino a decirme que no habían podido contactar a la gente y que la reunión se haría otro día. Me pidió que regresara al día siguiente por la mañana. Le pregunté si podía dejar mi maleta hasta el día siguiente y me dijo que sí así que la metí en un armario y sólo me llevé una mochila con lo más esencial. Cuando le pregunté me contó que no muy lejos de ahí había una pensión buena, bonita y barata en la que podía pasar la noche. No tenía ganas de buscar a nadie conocido ni a mi familia así que simplemente me encaminé a la pensión, alquilé un cuarto y me dormí de una vez de pura tristeza.

-¿Y se reuniueron al fin al día siguiente? -Pregunté yo impaciente pues siempre quiero oir el final de los cuentos de una vez.

-Ni ese día ni el siguiente ni el que siguió. Me tuvieron con cuentos toda la semana. Ya no tenía cómo pagar la pensión así que me fuí a buscar a un compa que había conocido en Alemania pero que se había venido de regreso porque le había entrado nostalgia. El camarada me dió posada y me alimentó por unos días. Yo no quería buscar a mi familia antes de saber cuál iba a ser mi destino pero un día me fuí al mercado oriental y un rivense que me encontré me reconoció. Para entonces habían pasado ya dos semanas así que antes que el rivense llegara al pueblo y empezara a contarle a todo el mundo que me había visto en Managua, me subí en un bus y me fui a mi casa. Por el camino iba pensando qué le diría a mi madre cuando me preguntara a qué había vuelto y decidí contar las cosas como yo las veía, sin sumarle ni restarle.

-¿Y tu mamá, cómo lo recibió?

-Si yo no había llegado a la casa era porque me daba pena causarle tristeza a mi vieja, pero ella lo tomó de la mejor manera. “Todos estos hijos de puta sandinistas son unas mierdas”, me dijo y me dijo más aún: “vos hiciste las cosas bien, hiciste lo que estaba a tu alcance, no tenés nada que lamentar, no es tu culpa y no tenés que avergonzarte ni agüevarte. Vos vas a salir adelante y todos los que te jodieron van a comer mierda. Ya vas a ver vos.” Cuando mi mama me dijo esto se me salieron las lágrimas y un peso enorme se me quitó de encima. Por fin pude entonces relajarme y empezar a pensar en mi futuro.

-¿Y la comisión se reunió al final?

-La comisión, que eran cuatro hombres y una mujer que yo nunca había visto, se reunió al fin tres semanas después de mi llegada. Ese día me habían citado para las tres de la tarde pero fue sólo a las nueve de la noche que la comisión disciplinaria se presentó. A esa hora empezaron a revisar mis cajas con mis documentos mientras yo esperaba fuera del salón donde se habían reunido. Como a media noche me llamaron para hablar conmigo. El que actuaba como jefe de la comisión, un chaparrito trompudo, dió por iniciada la reunión “para analizar el caso del compañero Eduardo quén supuestamente ha incurrido en faltas disciplinarias en su condición de becario en la RDA”. Luego de esto empezaron un larguísimo interrogatorio con el que de manera cronológica iban revisando cada frase que yo dije o no dije, cada cosa que hice o no hice, guiándose para ello en los informes que la JS había preparado sobre mí y en informaciones que sus espías les habían hecho llegar.Yo no era modelo de comportamiento partidario pero tampoco era un contra así que tomé en serio mi defensa, tratando de explicar cada cosa. En los rostros serios de los miembros de la comisión se veía que les disgustaba estar hablando conmigo y que no aprobaban mi comportamiento “pequeño burgues”. Les molestaba que tuviera una novia, que hubiera hecho amigos y que no me hubiera quedado comiendo mierda con los compitas miedositos que nunca salían de puro miedo y de acomplejados que eran.

Hubo un momento en que de pasada y casualmente hablaron de mis actividades académicas. Creo que habían estado evitando hablar de esto pero era ya de madrugada y estaban cansados así que bajaron la guardia.

-Parece que eras buen alumno -dijo el chaparrito, hablando en pasado y dejándome entrever mi futuro.

-No, le dije yo, no era buen alumno. Era el mejor alumno de toda la universidad, punto.

-Usted es poco humilde, compa -me dijo el chaparrito, molesto.

-No, sólo le aclaro, compa, cómo son las cosas. Si no me cree mande a preguntar a la universidad, o lea los reportes que tiene en sus manos ¿O es que eso no aparece ahí?

-No con esas palabras.

-Pues esas son las palabras correctas y a lo mejor hay otras cosas en sus reportes que no están dichas con las palabras correctas -dije, y el chaparrito se quedó callado..

Al final de la sesión sacaron el as que tenían guardado debajo de la manga. Me pasaron un documento y me preguntaron si las anotaciones que podían leerse en las márgenes así como los subrayados y otros comentarios en el texto habían sido hechas de mi puño y letra. El documento que me habían pasado estaba muy bien encuadernado y en la caratula podía leerse su título y su autor: “Comandante de la Revolución Fulano de Tal”. Entonces entendí todo el asunto de una sola vez. Era el mismo documento que el .jefe de la JS en la RDA me había dado aquella noche para que se lo comentara y del que yo tan mal había hablado en la reunión que luego tuvimos. El jefe de la JS o quien fuera, le había quitado al documento toda identificación, me habían pedido criticarlo y cuando se los regresé lo habían encuadernado de nuevo, con todo el veneno que yo había vertido en un documento tan mierda como aquel. El jefe de la JS en la RDA sabía igual que yo que el documento era malísimo así que intentó embaucarme y lo consiguió. Contradecir a un comandante es un pecado muy grande que merece una fuerte penitencia. Lo que yo había hecho era como si un curita de pueblo se pusiera de pronto a criticar al papa desde su púlpito. Al día siguiente lo mandarían a remover y lo mandarían en misión a Africa.

-¿Hiciste esas anotaciones? -me preguntó el chaparrito.

-Esa es mi letra y mis anotaciones. Yo las hice, pero las hice en un documento sin identificación, este documento fue encuadernado después de mis anotaciones...

-Limitate a responder las preguntas que se te hacen -me interrumpió el chaparrito- contestá sí o no, ¿Hiciste vos las anotaciones?

-Este no es un juicio y ustedes no son jueces, así que no voy a limitarme a responder lo quie querés oir – le dije al chaparrito-, voy a responder lo que haya que responder para aclarar este asunto y si ustedes quieren aclararlo será mejor que oigan lo que digo. Claro que hice yo las anotaciones. Caí en una trampa que alguien me tendió para joderme. Yo escribí mis comentarios sin saber quién era el autor. De haber sabido quien era el autor del documento no escribo esas cosas.

-¿Y por qué las hiciste? -me preguntó el que estaba a la par del chaparrito.

-Porque el responsable de la JS en la RDA me pidió revisarlo y comentarlo.

-¿Y vos pensás que lo que escribiste es correcto? -siguió el comisionado preguntando.

-En ese momento pensé que era correcto, sabiendo ahora -dije, intentando del mejor modo salvar mi pellejo- quién es el autor ya no estoy tan seguro.

-Si lo que decís es cierto -me preguntó la única mujer del grupito y sentí que estaba tratando de ayudarme- si escribiste esas cosas sin saber quién era el autor, decime, ¿Ahora que sabés quién lo escribió escribirías lo mismo?

-Claro que no, sería una falta de respeto para el comandante.

-Pero lo seguirías pensando -dijo el chaparrito, que no estaba dispuesto a dejarme salir ileso de esa habitación.

-Eso no puede saberlo usted compa, ni yo. Probablemente mi visión sobre el documento hubiera sido otra de haber sabido quién lo escribió. El responsable de la JS me dijo que el documento lo había escrito un compa del departamento de propaganda del partido. A un compa lo critico de un modo, a un comandante lo miro de otro modo.

-Dijiste en una reunión que el autor seguramente no era economista ni había hablado ni con la mujer de un economista -dijo el chaparrito, leyendo las notas de la reunión de aquella noche fatídica.

-Dije algo así probablemente, pero quizás no con esas palabras exactamente -respondí.

-Dijiste también que era un documento “elemental” -el chaparrito hizo las comillas con sus dedos y cambió el tono de su voz para enfatizar.

-Dije.

-Y que el documento era una copia de manuales de propaganda soviéticos -el chaparrito apretaba la tuerca más y más.

-No con esas palabras pero algo así habré dicho -contesté.

-Y que un mal estudiante del tercer año de aconomía podía escribirlo mejor.

-No, dije que aquel compañero en la RDA, presente en la reunión y en efecto estudiante del tercer año de economía, podía escribirlo mejor. Yo no dije que un mal estudiante podría hacerlo.

-Pero el compa no es muy buen estudiante que digamos -dijo el chaparrito.

-A lo mejor no -dije yo- pero yo no dije eso que decís que dije.

-Pero sí dijiste que el mejor destino para el documento era el basurero.

-Dije eso, sí, pero estaba cansado y aburrido.

-Esa fue la última pregunta que queríamos hacerte, ¿Tenés algo más que decirnos? -preguntó el chaparrito.

-Sólo quiero decir que cometen un gran error si deciden cortarme la beca. No seré el más disciplinado de los miembros de la JS pero estoy con la revolución y puedo contribuir con ella desde mi carrera de economista.

-O combatirla desde Miami -dijo el chaparrito dejando ver sus pensamientos.

Empezaba a amanecer y los otros miembros de la comisión cabeceaban. El chaparrito se dirigió a todos para decir que consideraba tener suficientes elementos de juicio para poder tomar una decisión. Me solicitó salir de la habitación un momento para que la comisión pudiera deliberar. Un cuarto de hora más tarde me llamaron de nuevo para darme el veredicto que ya te he contado. A la mierda esos cinco años y a la mierda Eduardo. Me sacan a patadas, como se saca un perro sarnoso que de pronto se metió de colado a un restaurante de lujo. Por suerte salí entero de toda esa mierda.

-¿Y ahora que vas a hacer? -le pregunté.

-I am going to the USA, a California -dijo Eduardo en tono alegre- me voy al capitalismo, a hacer reales. Aquí dejo toda esta mierda. ¿Qué decís, nos vamos juntos?

Yo, que a estas alturas del partido estaba harto de mi aburrida vidita y harto hasta el copete de una revolución que ya para entonces consideraba fallida, miré ahí mi mejor opción.

-Nos vamos -respondí- pero primero vamos a lanzarnos una sopa de mondongo y una media para celebrar.

-Has hablado con sabiduría -dijo Eduardo y nos fuimos a celebrar. Eramos jóvenes, sanos, fuertes e inteligentes y ahora teníamos uina meta así que sólo podíamos estar alegres. Pasamos una tarde de lo mejor, comiendo, bebiendo, riéndonos y haciendo planes para el futuro. Aún no sabíamos con exactitud cómo íbamos a hacer para llegar a California, pero eso ya lo definiríamos más adelante.

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