martes, agosto 12, 2008

Buscando el rojito

Porque siempre andaba yo para entonces en otras cosas, o por distraído o por lo que fuera, no sería sino a finales del año 86 que descubriría ─Cristobal Colón que soy─ esa experiencia fascinante que fueron los cortes de café. A ver, recapitulemos un poco: a finales del 79 no me di cuenta de los cortes o no hubo todavía participación masiva de gente de la ciudad, luego a finales de 1980 andaba yo en Bluefields trabajando en la cruzada de alfabetización en lenguas, a finales del 81 y de 83 no sé qué hice, a finales del 82 me lo pasé como soldado reservista con la cara en el lodo y bajo la lluvia, en una hacienda llamada “Los Millones”, en el camino a El Rama, y el 84 y 85 estaba en California. Si yo hubiera sabido antes cómo era eso de ir a los cortes de café no me hubiera perdido ninguno. En los siguientes posts trataré de explicarle por qué me parecieron los cortes de café una experiencia fascinante.

Empecemos por el principio y para que nos ubiquemos déjeme que le refresque un poco la memoria repitiendo cosas que usted seguramente sabe bien. En Nicaragua se siembra café desde mediados del siglo XIX si no me equivoco, y el café se convirtió en relativamente poco tiempo en uno de los principales rubros de exportación y una de las principales fuentes de divisas para la economía del pobrecito país. Cuando más de un siglo más tarde el último de los tres Somoza cayó y llegaron los sandinistas al poder, por muchísimas razones ─de las que ya iremos hablando─ empezaron a escasear los cortadores de café, el grano se pudría en la planta y los sandinistas que gastaban dinero a manos llenas y lo necesitaban como locos, organizaron los cortes de café movilizando para ello a trabajadores estatales, estudiantes universitarios, miembros del partido y todo aquel que estuviera dispuesto a dejar la comodidad o incomodidad de su hogar para ir a la “tarea patriótica” de cortar el rojito. Como toda acción masiva en los años de revolución, esta fue también una tarea con una connotación política, cuya conducción recayó siempre sobre los cuadros del sandinismo.

El cafeto no madura todos sus granos de una vez y desde por ahí de noviembre o antes quizás y hasta por ahi de marzo, pueden encontrarse en una misma planta granos de café en diferentes grados de maduración. El píco de la cosecha, que dura algunas semanas, empieza usualmente por ahí de mediados de diciembre y se extiende hasta enero o febrero. Era en este período que se organizaban las brigadas de cortadores en las ciudades para ir a cortar café a los departamentos del norte, pues aunque el café se siembra en casi todo el país era sólo en el norte y en la meseta de Carazo que se sembraba como cultivo para la exportación. En la meseta de Carazo un torpe manejo de una plaga del café realizado por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria dirigido por Jaime Wheelock, había acabado con el café y deforestado enormes áreas apenas empezando la revolución. Creo que esa fue ─corríjame si me equivoco─ la primera de las grandes torpezas cometidas por este ministro comandante que nunca disparó un tiro y que se destacó en los años de revolución por llevar a cabo descabellados proyectos que costaron al país cientos de millones de dólares.

Aquel año 86 había sido para mí magnífico. Había empezado una carrera que me fascinaba y en la que estaba aprendiendo un montón, había tenido un amor violento ─una mujer increíble, bella como una diosa que me encontré en un entierro─ del que luego les contaré y al final del año no encontré nada mejor que hacer que irme a los cortes de café. Yo no pertenecía al partido, nadie me obligaba a ir ─nunca hice nada por obligación en aquellos años─, pero intuía que aquella sería una experiencia de la que podría aprender y que podría disfrutar y me enrolé. Mi intuición, la que siempre he seguido y en la que siempre he confiado para bien o para mal, esta vez tampoco me falló.

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