sábado, agosto 09, 2008

El camión de suministros

Aquel año de 1986, lo he dicho ya antes, fue un año muy difícil. Todas las cosas escaseaban y lo poco que había se racionaba y a cada cuál le tocaba muy poco. Había filas por todas partes para comprar cualquier cosa y todo el mundo llevaba siempre una mochila o un saquito consigo, para acarrear los alimentos u otros artículos de primera necesidad que uno tuviese la suerte de encontrar disponibles por los lugares por donde pasaba. Comprabas lo que fuese, pues si lo que comprabas no te servía a vos le serviría a alguien más con quien luego podías cambiarlo por algo que sí te sirviera. Comprabas además porque la inflación se movía a vertiginosa velocidad y los precios subían varias veces al día. El dinero no valía nada y parecía de juguete. Al final del día, cuando los miembros de la familia regresaban al hogar una parte del entretenimiento era ver qué cosa había conseguido cada cual. De nuevo éramos todos cazadores y recolectores. En aquellas difíciles condiciones se fueron formando nuevas redes sociales que vinieron a sustituir a aquellas que la revolución había hecho desaparecer o había debilitado. En aquella desolación de aquellos terribles años, las mejores cualidades de las gentes salieron a la luz, la solidaridad, el compañerismo, la compasión, el amor al prójimo, tuvieron la oportunidad de florecer. Pero a la par de las mejores cualidades, también salieron a la luz los peores defectos, los peores vicios. Pero de esto ya hablaremos despues.

No todos sufrieron por la escasez, ni la sintieron en carne propia. Cada mañana, desde la base de la Dirección de Seguridad Personal partía un camión IFA con un soldado al timón, uno en la plataforma y uno o dos más en la cabina a recorrer Managua de lado a lado, en un recorrido por las más lujosas mansiones de la capital. En la plataforma del camión se apilaban productos frescos de la mejor calidad. Ahí podían encontrarse junto al canasto con los enormes y deliciosos aguacates producidos en Solentiname, cajas con piñas, mangos, papayas pequeñitas y deliciosas, mamones chinos y otras riquísimas frutas, muchas de ellas traídas especialmente desde Costa Rica. A la par de las frutas, se apilaban canastos llenos de verduras frescas. Cuando el camión se detenía en algún semáforo, los niños vendedores de cualquier cosa, curiosos como todos los niños, se subían a veces a asomarse a la plataforma para ver qué cosa era aquello que los soldados cuidaban. Cuando veían su contenido pedían a los soldados que les dieran algo, pero aquellos productos no eran para estos niños, su destino eran los delicados paladares de los comandantes, sus mujeres y sus hijos.

Otro camión, o quizás el mismo, más tarde o más temprano, haría un recorrido para pasar dejando por las mismas mansiones, la comida destinada a la tropa encargada de velar por la seguridad de aquellas valiosas personas que habitaban estas mansiones. Menos lujosos que los alimentos que sus jefes consumían, el arroz, los frijoles y las carnes eran sin embargo de mejor calidad y más abundantes que las que el común del pueblo comía, cuando comía.

Especializada como estaba la atención de las necesidades de la dirigencia del sandinismo, había también una camioneta de tina, de la marca UAZ que pasaba dejando otros productos alimenticios que los dirigentes necesitaban para su buena y balanceada alimentación. Así, en la tina de la camioneta se transportaba el filete de exportación, las langostas, los camarones y otros perecederos dentro de grandes termos que protegían los productos del caluroso clima y de las indiscretras miradas de los transeúntes, para quienes, con todo y el secretismo en que esta y otras muchas cosas se manejaban, no pasaba nada desapercibido.

La oficina de suministros de la Dirección de Seguridad Personal tenía un presupuesto ilimitado, contaba con un numeroso personal y disponía de muchos medios de transporte, bodegas, almacenes, frigoríficos y todo cuanto era necesario para llevar a cabo su delicada e importante misión de garantizar un buen suministro alimenticio a la dirigencia de la revolución.

Quizás sea hasta irónico que la mansión en la que la Dirección de Seguridad Personal tenía su sede le había sido confiscada a Fausto Amador, padre de Carlos Fonseca Amador, padre a su ves de la revolución. Parecía una burla del destino que varios de aquellos comandantes de la revolución que habían sido despreciados y fustigados por Carlos Fonseca, por cobardes y acomodaticios, eran ahora alimentados desde la casa del padre de éste.

Por supuesto, la oficina de suministros, siendo una teta común, aunque cubría una buena parte, no podía satisfacer todas las multiples necesidades de la dirigencia y desde sus propios feudos, comandantes grandes y pequeños y otros funcionarios de gobierno o del partido, cubrían con los fondos asignados a sus oficinas las otras necesidades de sus hogares. En la casa de los dirigentes grandes y chiquitos de la revolución no escaseó nunca nada, ni siquiera en los tiempos más difíciles.

El dinero de aquellos años era muy sucio, estaba siempre húmedo y era muy hediondo y después de tocarlo las manos te quedaban sucias y malolientes para todo el día. Las manos de los comandantes estaban siempre limpias pues como acostumbraban ellos a decir, no devengaban ningún salario, no manejaban dinero.

Fast lookup
ALC(英辞郎)
Goo(国語)
Goo(和英)
Goo(英和)
e-Words
jp.wikipedia
weblio
Excite翻訳
google
yahoo
find.2ch

1 comentario:

Natasha dijo...

....Uuuuufff, me he quedado pasmada con este relato, vaya vaya... como se dice en todas las revoluciones se cuecen habas y en ésta se cocían de las más grandes, para la clase privilegiada, que increíble, ver que detrás de todo el bla bla, bla, al final de cuentas el pueblo sigue "enchurucado" mientras los grandes se dan la buena vida...

Te seguiré leyendo, tus relatos siempre me han fascinado por su lenguaje tan rico y fácil de digerir

Te mando besos y toda mi admiración por este trabajo muy bien logrado

Naty