jueves, agosto 14, 2008

Ese asunto de movilizarse (1)

Antes de seguir contándoles las cosas que he empezado a relatarles, tengo que darles un poco más de información sobre el contexto en que se producen, si no, a lo mejor no nos vamos a entender. De lo primero que quiero hablarles es de la palabra “movilización” y su significado en los tiempos aquellos en que los posts de este blog se ubican.

El FSLN, ese grupo que se alzó con la mayor tajada del poder cuando Somoza se fue, en Julio de 1979, se organizó desde sus inicios, a finales de la década de los años cincuenta, como un movimiento armado cuyo objetivo era precisamente derrocar a Somoza. En los treinta años transcurridos desde su fundación hasta que Somoza se fue al exilio, el sandinismo fortaleció su carácter militar. Los sandinistas habían apostado ciento por ciento a la vía armada como manera de llegar al poder y si querían lograr sus objetivos tenían que construir una organización militar sólida y al final consiguieron organizarse de un modo muy similar a un ejército regular. Los ejércitos no son organizaciones democráticas, pues en función de su eficiencia y su efectividad se constituyen como un cuerpo que obedece a una cabeza. En un ejército ─sobre todo uno del bloque socialista, inspiración de los sandinistas─ las órdenes no se discuten, punto. Si el jefe ordena algo hay que cumplir la orden so pena de castigo, estemos o no de acuerdo. Puede ser que más tarde ─en las reuniones partidarias por ejemplo─ tenga el soldado la posibilidad de analizar con su jefe la orden recibida y expresar su disconformidad, pero en el momento de recibirla debe ejecutarla, simple y llanamente. En situaciones de combate, la desobediencia de una orden puede incluso tener como castigo la ejecución inmediata, in situ, del desobediente. El FSLN es en julio del 79 una organización vertical, en que las órdenes ─las “líneas” les llaman los militantes─ vienen de arriba, del mando y hay que seguirlas sin discusión.

En los años siguientes al derrocamiento de la dictadura el FSLN, aunque asume en cierto momento el nombre de partido, no se convierte en uno en realidad y sigue siendo la misma organización vertical y no democrática en la que en los años de lucha contra la dictadura se convirtió. Los miembros del partido son considerados soldados y tratados en consecuencia. Poco tiempo después del derrocamiento de Somoza, el FSLN desplaza a las otras organizaciones políticas, ocupa todos los espacios posibles del poder, todos los resquicios donde éste puede meterse y monta como un manto su organización y su modo de ver el mundo sobre toda la vida nacional. La dirección del FSLN pretende dirigir el país del mismo modo que ha dirigido hasta entonces su organización. La consigna “Dirección Nacional: ordene”, que en algún momento empieza a oírse en las enormes concentraciones que los sandinistas gustan de organizar frecuentemente en las plazas públicas, muestra el modo en que la dirigencia del FSLN concibe las cosas. La Dirección Nacional ordena y el país todo debe obedecer. Las consignas que se corean en las plazas no son productos de un pueblo enamorado de su dirigencia, ellas salen de la misma Dirección Nacional y son enviadas a circular por medio de los organismos de seguridad del estado para surgir luego de manera “espontánea” en las concentraciones. Aquellas consignas, que bajan subrepticiamente por los secretos canales de los servicios de inteligencia, bajan también, convertidas en políticas de gobierno en los documentos oficiales y en los documentos partidarios. Los sandinistas no se quedan en palabras, la dirección nacional ordena y el que no obedece es apartado o aplastado por el enorme y pesado tren en que la mal llamada "revolución" se convirtió.

Los niños muy pequeños obedecen, las mulas obedecen y el perro obedece también. El peón obedece la orden aunque a veces no esté de acuerdo y le parezca estúpida, porque trabaja para comer y el patrón le paga por su trabajo. Podríamos decir que sólo cabe esperar obediencia ciega donde falta el juicio, como en el caso de los animales domésticos, o el razonamiento está poco desarrollado, como en el caso de los infantes. En el caso del peón no hay obediencia ciega, hay una obediencia limitada y temporal. El peón obedece hasta un cierto límite y sólo en el tiempo que se me paga por mi trabajo.

El sandinismo exigió en los años de revolución, que subordináramos nuestro juicio al juicio de la Dirección Nacional, que dejáramos de lado nuestra inteligencia, que confiáramos en la inteligencia de la DN y le obedeciéramos ciegamente, del mismo modo que los animales desprovistos de juicio. Por eso y muchas cosas más se dividió el país y se terminaron las posibilidades de hacer revolución. Porque aunque a veces se comporte torpemente, el pueblo nicaragüense no es estúpido, aunque los sandinistas lo crean así, y no estaba en el carácter de nuestro pueblo valeroso la obediencia ciega. Quizás si el pueblo hubiera sido escuchado y no sólo mandado a obedecer, quizás si hubiera habido democracia en los primeros años, si se le hubiera permitido a la gente manifestarse en lo político de otros modos, de las mil diferentes y creativas maneras que el pueblo se manifiesta en otros ámbitos, quizás entonces habría habido y habría aún revolución. Quizás.

¿Le parece que soy muy duro, que exagero? Piénselo de nuevo y verá que no ando muy lejos de la realidad. Luego, cuando haya pensado bien en esto vaya y mire como se comportan los sandinistas en esta su nueva época de gobierno. Después venga y déjeme un comentario.

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1 comentario:

Oaleman64 dijo...

Es tu forma de ver la realidad. Por lo que he leido hasta el momento aqui, pienso que eres una persona anarquica, aventurera. Participaste de la revolucion, sin saber porque andabas alli, solo por andar, como que era la moda, por matar el tiempo, el aburrimiento. Esa misma postura tuya la vi en los 10 años de revolucion, en otras personas que en determinado momento se fueron o nos traicionaron, porque no entendieron el proposito de la revolucion. Ahora estamos de nuevo en el gobierno, impulsando el avence de la revolucion, son otros tiempos, pero el fin es el mismo. Un pais con justicia social, igualdad de oportunidades. El pobre lo entiende, porque tiene una oportunidad de superarse y romper el ciclo vicioso de la ignorancia. El rico ve en la revolucion un peligro, dado que sus previlegios como educado. como preparado, no son solo para ellos, sino que ahora la oportunidad de prepararse es paraje.