lunes, agosto 18, 2008

Ese asunto de movilizarse (3)

Veo que yo solito, sin que nadie me obligara o me invitara me he ido metiendo en un berenjenal, pero ya no me queda de otra sino seguir en la misma dirección que hasta ahora he traído. Continuemos pues con ese asunto de la sexualidad ─¿o tendré que decir “amor”?─ en las movilizaciones.

Pero antes de seguir creo que aún estoy pendiente de definir esa palabreja que sirve como hilo conductor de estos posts.

Movilización era en aquellos tiempones ponerse a la disposición para la realización de las grandes tareas de la revolución. Era el hecho de irse para allá para donde lo mandaban a uno. Así, la Cruzada Nacional de Alfabetización, la primera gran tarea, se produjo gracias a la movilización de grandes contingentes de jóvenes de la ciudad hacia el campo para ir a alfabetizar a la gente que allá vivía. Uno se movilizaba a los cortes de café, a los cortes de algodón, en un batallón de milicias, a cumplir diferentes objetivos de la revolución. Cuando andabas en la tarea andabas movilizado y cuando ésta terminaba todo el mundo se desmovilizaba. ¿Vió cómo es la cosa? Había pues movilización y desmovilización. ¿Nos vamos entendiendo? Si no le gustan mis definiciones búsquese un diccionario.

Otra cosa que vale la pena mencionar es que a la movilización ibas organizado, como parte de una estructura. Ya incluso desde el comienzo, con la alfabetización, los contingentes se organizaron siguiendo una lógica militar y los alfabetizadores formaron el “Ejercito Popular de Alfabetización”. En las movilizaciones vos eras miembro de una escuadra, que a su vez formaba parte de un pelotón y tres pelotones formaban una compañía y no me acuerdo cuantas compañías formaban un batallón. Andabas pues en grupo, ¨en pelota” y con el paso de los días aquel grupito se convertía en tu familia y le agarrabas cariño a algunos mientras otros te caían muy mal, igualito que en tu familia. Vos dormías con tu grupito, comías con el grupito y hacían casi todas las cosas juntos.

En las movilizaciones, como en todo lugar o actividad social en la que se mueven hombres y mujeres, se producían relaciones amorosas entre las personas que se movilizaban ─y a veces entre los movilizados y la población a la que eras movilizado, pero de estas relaciones no hablaré. Esas relaciones entre movilizados, por razones que quizás mencionaré luego o usted mismo entenderá, empezaban y terminaban usualmente en el período mismo de duración de la movilización. Como regla general no escrita ni acordada, a la movilización no se llevaban relaciones amorosas ni se traían de ella tampoco. Las relaciones entre los movilizados ─con algunas excepciones─ empezaban, terminaban y quedaban enterradas en ese período de tiempo comprendido desde la salida de tu casa hasta tu desmovilización. Todo se resolvía en la movilización. ¿Por qué? Hay muchas razones, pero quizás la más frecuente era el hecho que al regresar de la movilización regresabas a la relación que habías dejado atrás, a tu novio, novia, marido, esposa, compañera, compañero o lo que fuera que hubieras dejado al marcharte. Otra razón muy frecuente era la misma por la que Marlon Brando y Romy Schneider en “El último tango en París” no pueden continuar con su relación más allá de aquella casa y de aquel tiempo en que la relación se produce. La relación sólo es posible en ese contexto especial, en ese tiempo y en ese espacio en que tiene lugar. Marlon Brando fuera de ese contexto no es ya más el hombre que hace vibrar las más íntimas y delicadas fibras del corazón de la Schneider y de otras partes de su cuerpo. Fuera de aquella casa y de aquel tiempo la Schneider sentirá asco seguramente con sólo que Brando mencione la palabra “mantequilla”. Es que al desmovilizarse, el hombre araña pierde su traje y se convierte en el feíto y sin gracia Peter Parker o como sea que se llame ese hombrecito. ¿Nos entendemos? Esa compa que en la movilización, en ese su uniforme verde olivo, debajo de la lluvia y en el frío te pareció tan increíblemente bella y te hizo ver estrellitas mágicas mientras hacían el amor a la luz de la luna, de regreso en Managua se convierte frente a tus ojos asombrados en otra persona, menos atractiva que aquella que has conocido y amado en aquellas semanas de movilización. Eso sin contar con que quizás al bajarse del camión que la trae de regreso, un señor serio con un niño a cada lado suyo la está esperando, la abraza y la besa mientras los niños lloran de alegría y saltan a su alrededor repitiendo emocionados la palabra “mama”.

Continuaremos mañana.
Fast lookup
ALC(英辞郎)
Goo(国語)
Goo(和英)
Goo(英和)
e-Words
jp.wikipedia
weblio
Excite翻訳
google
yahoo
find.2ch

4 comentarios:

Natasha dijo...

JAJAJAJAJA... Me haces sonreir... me llama la atención eso de "berenjenales" que dices con tanta ricura

...Pedrito está demás que te diga que tu estilo me fascina porque ya lo sabes de sobra... el relato está impecable, piesnoqeu con él, llegas al rescate de muchas subhistorias y vivencias exhumadas de ti mismo... por lo que aquí me cuentan, es tal y como lo describes... eran amores prácticos, existenciales... nacidos de forma abrupta en la estación del corte, y de aquellos momentos (tiempones) que no eran comunes...

Va un abrazo para ti con mucho cariño de la hija de la noche

Naty

tiempones dijo...

Querida Naty,

Vieras cuanto gusto me da que pasés a leerme y más aún si me dejás tus amables comentarios. Si fueras la única lectora de este mi blog seguiría de todos modos escribiéndolo, sólo para vos, encantado de la vida. Sí, yo sé que lo mismo le digo a otras, pero eso no lo hace menos cierto. Espero que continuarás leyendo porque esto apenas empieza, con estos primeros posts que son más bien una introducción a lo que viene, a mis propias vivencias en los cortes de café. Creo que tendré que empezar un nuevo blog, en la sección de adultos, para poder contar todas las cosas que quiero contar. Es que este blog es para todas las edades y así quiero que se quede y no puedo contar entonces ciertas cosas que algunos de mis lectores me solicitan contar y que a mí me pica la lengua por contar.

Vamos a ver. Te deseo mucha suerte allá donde andás metida. Un abrazo.

PEM

Anónimo dijo...

estoy disfrutando esta lectura

Pinedita

Pedro el malo dijo...

Más estoy disfrutando yo sabiendo que estás leyéndome Pinedita. Me encanta que hayas encontrado un hueco en tus ocupaciones para dejarte caer por acá. Seguí.