miércoles, agosto 20, 2008

Ese asunto de movilizarse (4)

Sigamos. La movilización presta condiciones logísticas que hacen posible las relaciones amorosas entre la gente. Varones y mujeres pasan todo el día juntos, realizando juntos las mismas tareas, cuidándose los unos a los otros, llenando el tiempo con conversación y luego, cuando llega la noche, van a dormir juntos también, hombres y mujeres en una habitación común, tirados en el piso, muy cerca a veces los unos de los otros, o compartiendo el camarote ─pues había tambień habitaciones con camarote─ como me tocó a mí compartir el camarote con una compañera (y para que no nos enredemos le aclaro: con esta compañera no tuve nada que ver, dormimos juntos como José y María).

Pero hay también otras condiciones que se crean en las movilizaciones que facilitan las relaciones amorosas entre la gente. Estas entran en el ámbito de las cosas espirituales, anímicas y sicológicas. Déjeme explicarme. El macho humano, o más específicamente el macho humano de la Nicaragua de la década de los ochenta si es joven, sano y fuerte está siempre dispuesto a aparearse y no es muy selectivo. La hembra no, ella es más selectiva, la piensa más, está menos dispuesta, pero algo ocurre con las personas, con las mujeres sobre todo y con los machos muy reprimidos cuando dejan su propio ambiente y van a un ambiente diferente. Se vuelven entonces más accesibles, más dispuestos a hacer cosas que en su propio ambiente no harían. Por eso y no por otra cosa, es que en tiempos aún no muy lejanos, en la Nicaragua “tradicional”, el contacto de la muchacha con el pretendiente se realizaba en la casa de ella. Los varones visitaban a sus novias bajo la vigilancia de las madres de ellas. Por eso es también que en el presente los varones invitan a la muchacha “a salir”, sabiendo inconscientemente o no, la transformación que se produce en el animo de las muchachas al “salir”.

La movilización, el cambio de ambiente, es ya de por sí una cosa sexy, que te ablanda el ánimo y te distiende todos los músculos, hasta los usualmente muy tensos. Si además se trata de movilizarte a un ambiente en el que también hay peligro, en el que cada cual depende de cada cual, la cosa se vuelve aún más “sexy” y en el ambiente flota una sopa hormonal en la que todo el mundo está inmerso, que todos respiran y les llena los pulmones y les altera el pensamiento.

Ya cuando vas en el camión el primer día de movilización, y levantás la cabeza y cerrás los ojos y sentís el sol en el rostro y el viento despeinandote, te sentís diferente, te sentís muy bien. Dejás de pensar en los problemas que dejaste detrás tuyo, en el marido poco cariñoso o demasiado ocupado, sin tiempo para vos y empezás a preguntarte, intrigada, qué te traerá el día de mañana y empezás a fijarte en tus compañeros y vas haciendo amistades.

Creo que para mi amigo Guillermo, como para mí, era aquel el primer corte de café al que iba, pero algo debía saber él que cuando ibamos subiendo al camión que nos llevaría a Jinotega se dirigió a mí muy seriamente.

─Escoge la tuya y parate al lado de ella en la plataforma ─me dijo Guillermo─, no dejés que se le acerque otro maje.

─¿Desde ahorita? ─pregunté yo, extrañado.

─Desde ahorita, empezá tu trabajo, si esperás a llegar a nuestro destino te quedarás oliendo el dedo, todas van a estar ya ocupadas ─me dijo mi amigo y yo, que con frecuencia sigo sabios consejos, seguí este también. Para cuando llegamos a nuestro destino, un montón de horas después, no todas estaban ocupadas pues había más mujeres que hombres, pero yo ya sabía donde iba a pasar aquella noche.

No me entienda usted mal, los cortes de café, las movilizaciones, no eran “un degenere” como puede ser que le hayan contado a usted que fueron. No habían orgías, el sexo siguió siendo mayoritariamente heterosexual y en parejas, no en grupo, la posición predominante siguió siendo la postura del misionero y las cosas se hacían fuera de la vista de los demás. Había en las movilizaciones una relajación de las normas y valores, un aflojamiento de los controles sociales, más libertad individual que en nuestros reprimidos círculos sociales, pero todos seguíamos siendo los mismos, un poco más relajados pero los mismos. No andábamos desnudos, probablemente habría homosexuales o lesbianas entre nosotros, pero ellos mantenían su preferencia oculta de nuestro conocimiento y no caminaban agarraditos de la mano varoncito con varoncito ni mujercita con mujercita. Monseñor Obando de habernos visto, habría estado orgulloso de nosotros, salvo por el hecho que algunos y algunas estaban siéndole infieles a las parejas que habían dejado atrás. Pero ni siquiera en esto sería la movilización diferente, pues seguramente allá en Managua, en cualquier momento del día se estarían produciendo actos de infidelidad. Había eso sí una diferencia en el tempo de las cosas y otras diferencias de las que ya le contaré mañana, o pasado mañana.
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1 comentario:

Cinthia dijo...

¡Hola Pedro!
Muchas gracias por escribir en mi blog :D
De veras que no hay nada mejor que escribir lo que a uno le gusta en un espacio, en este caso digital. Pero te digo un secretito...este blog tengo que tomarle cariño porque es de clase pero tengo uno que es acerca de mis viajes y lo amo, es mi pequeño mostrito al cual alimento cada vez que surge una aventura. Te invito a que lo visités: www.candildelacalle88.blogspot.com

Rothschuh (qué apellido más difícil) se ha tomado un par de años sabáticos después de tanto escribir jejeje Pero cuando lo vea le diré :D

Me gustó mucho tu blog, hasta se lo he recomendado a un amigo danés que está aprendiendo a hablar español y le interesa mucho la historia de Nicaragua de la época de Somoza, la Revolución y gobierno de los 80´s. Pienso que con tus experiencias se va a nutrir mucho.

También he bajado la versión PDF para leerlo ahora que tengo vacaciones, así que pronto encontrarás un comentario.

¡Saludos hasta Holanda!

Cinthia Membreño