viernes, septiembre 19, 2008

Las vueltas de la vida

A veces me entretengo pensando en cómo habria sido mi vida si en ciertos momentos de ella hubiera tomado un camino diferente que aquel que finalmente tomé sin detenerme a pensar demasiado en el asunto. Usualmente y con razón, no prestamos mucha atención a las pequeñas cosas, a los pequeños episodios de la vida en los que una acción cualquiera, que parece no tener importancia nos cambia la vida de una vez y para siempre. Déjeme que le ilustre lo que digo con un ejemplo. En los años ochenta una amiga mía se fue de manera ilegal a los Estados Unidos, para reunirse con sus hermanos y buscar alla una mejor vida que aquella que estaba llevando en Nicaragua. Ella viajaba con un grupo de gente que un “coyote” iba guiando allá en Tijuana, en la frontera entre México y los Estados Unidos y en cierto momento, en un cierto punto, a una orden del coyote todos saltaron la valla que los separaba del territorio estadounidense. Luego debían correr una cierta distancia para alcanzar un punto a unos pocos metros más adelante en el que estarían a salvo, pero a esta amiga mía se le cayó un zapato antes de saltar la valla y se regresó a traerlo. El coyote le gritó aún que dejara el zapato y saltara, pero ella, terca, no quiso escucharlo y se regresó a traerlo un par de metros, mientras los demás cruzaban la valla. En ese momento se apareció una patrulla de la policía mexicana que la detuvo y evitó que saltara al otro lado. Todos los acompañantes de mi amiga llegaron sanos y salvos a su destino en Estados Unidos. Ella no, ella tuvo que regresar a su casa y a su pueblo, a casarse con el novio que tenía desde la secundaria y a llevar una vida que no era la que ella quería y que para su mala suerte estuvo llena de tristes episodios. Regresarse a recoger aquel zapato, una acción refleja, insignificante, marcó claramente el punto en que la vida de aquella joven cambió para siempre.

A estos puntos en que la vida toma un rumbo diferente del que llevaba, en que las cosas pasan a ser de otro modo y no del que habrían sido, ,e llamo yo las esquinas de la vida y son lugares donde la vida da vueltas, cambia de dirección. A veces en esos puntos, en esas esquinas, damos la vuelta de modo consciente, sabiendo más o menos lo que podemos esperar, como cuando decidimos casarnos, estudiar aquella carrera, solicitar aquel trabajo o viajar a aquel país, pero casi siempre las esquinas de la vida son invisibles, imperceptibles y la mayor parte del tiempo ni siquiera sabemos que hemos pasado una vuelta y que hemos tomado un otro camino.

La vida mía dobló una esquina aquella noche del simulacro de ataque, en el preciso momento en que dejé salir aquel grito (“aquí están los cachimbones“) que la adrenalina en la sangre me empujó a soltar. Mi grito, que fue escuchado por casi todo el campamento, les recordó de mi existencia a aquellas dos mujeres ─Julieta y Sofía─ que unos días antes había conocido en el colegio en que nos habíamos reconcentrado para viajar a los cortes. Si yo no hubiera gritado aquella noche, si me hubiera ido calladito a ocupar mi puesto de combate, ninguna de aquellas dos mujeres me habría ido a buscar a la mañana siguiente para conversar al lugar donde yo estaba cortando. Cada una de ellas pasó a verme, a decirme palabras amables, por separado y sin contarlo la una a la otra. La vida de cada uno de nosotros tres y otras gentes más, había empezado a tomar un rumbo diferente desde la madrugada de aquel día. Si aquel grito no hubiese salido de mi garganta aquella noche, seguramente no estaría yo hoy aquí donde estoy sentado escribiendo este post y usted no lo estaría leyendo. En los próximos episodios le contaré por dónde fue que empezaron a andar las cosas desde entonces.

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