sábado, septiembre 13, 2008

Voulez-vous coucher avec moi ce soir?

La frustración, la decepción y la tristeza de aquel primer día de corte que antes les he contado, se me pasaron aquella misma noche. Al regresar al oscurecer Guillermo y yo de la lomita donde se situaba la cocina-comedor nos encontramos viniendo en dirección contraria a la que llevábamos, con una morenita simpática y de ojos vivos estudiante de otra carrera, que yo apenas conocía y que se detuvo a conversar con nosotros. No sé que habrá visto Guillermo en su actitud que se despidió de nosotros y siguió su camino y la morenita me invitó entonces a una fiestecita en su covacha, un poco más tarde aquella misma noche que estaba apenas empezando. Una compañera de su escuadra cumplía años y se lo iban a celebrar a puertas cerradas, con sólo los compañeros de covacha y unos poquitos invitados. La morenita no estaba mal y yo, bien educado que soy le agradecí la invitación y le dije que ahí estaría aquella noche. Cuando nos despedíamos me puso una mano en el pecho, me miró a los ojos y me dijo “cuidado no llegás” con una mirada coqueta. Fue entonces que entendí a qué cosa me estaba invitando en realidad y un estremecimiento delicioso recorrió mi espalda. Mis ojos seguramente habrán entonces adquirido un brillo lujurioso pues ella sonrió antes de irse. “Ahí voy a estar” repetí yo entonces.

Como se lo había prometido a la morenita, ahí estuve a la hora convenida, toqué a la puerta y me dejaron pasar. Eramos ocho personas, cuatro varones y cuatro mujeres, y por falta de espacio cada pareja estaba sentada en un camarote. Yo había traído una botella de Ron Flor de Caña Etiqueta Negra, mi ron favorito de aquellos tiempos y cada cual se sirvió un trago. Luego, aculturizados como estábamos, anti-imperialistas y todo que éramos, le cantamos el “Happy Birthday” a la cumpleañera. Uno de los varones tenía una guitarra y cantó un par de canciones. Luego alguien apagó el candil y cada pareja se retiró a su camarote y se concentró en sí misma. Yo apuré mi trago y me dediqué luego a darle cariño a aquella joven que en aquella oscuridad en la que no se veía, se convirtió en la mujer más bella que yo pudiera imaginar. Aquel cuarto se llenó de pronto de puro polvo cósmico, pura sensualidad. Ocupado como cada cual estaba, uno no prestaba mucha atención a lo que las otras parejas hacían y todos procurábamos no hacer mucho ruido para que nuestros sonidos no salieran de aquel cuarto, que se llenó entonces de murmullos, de chasquidos de besos, de suspiros, del sonido de roces de pieles húmedas, del ruido de los cuerpos moviéndose sobre las tablas, de los casi inaudibles sonidos de genitales en cópula, de quejidos orgásmicos, de amor pues, que casi se podía respirar. Así estuvimos por algunas horas, hasta que el campamento todo quedó en silencio. Yo besé a mi amiga, despidiéndome, le agradecí de nuevo la invitación y me fui a dormir a mi propia covacha, con mi gente.

Aunque no teníamos una relación sentimental, aquella noche no me atreví a acostarme con mi compañera de camastro así como andaba, oliendo a sexo, lleno del olor de otra mujer, así que tome mi gruesa colcha y me fui a sentar en un rincón del cuarto a recordar aquel torbellino en el que había estado metido y pensando en eso, así sentado me quedé dormido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Idey, como era que se mantenian la reglas de la sexualidad de la ciudad?
Que barbaro! no se si creerte que todo eso es cierto o estas alardeando. Llevas tres al hilo.

Pinedita

Pedro el malo dijo...

Si Pinedita, las cosas eran más o menos iguales que en la ciudad, pero el tempo era otro, las cosas pasaban más aprisa y había un relajamiento de los controles, de las normas y por eso ocurrían cosas como esta.

No, no son tres, son dos hasta ahora, pero apenas pasó el primer día de corte, la temporada está empezando. Yo tampoco me lo creía pues siempre había sido lento (y después seguí siendo lento), en los posts siguientes contaré por qué me ocurrían estas cosas que normalmente no me pasaban. No dejés de sintonizar este mismo canal.